– Señor, vamos hacia el abismo -dijo uno de los porteadores.
– No os preocupéis, vamos bien -dijo el Príncipe, y ordenó seguir la marcha.
– Señor, sabemos que este camino lleva al abismo -dijo el jefe de los camelleros.
– No, eso es una simple superstición. Este camino lleva a la gloria. Los que dicen que este camino lleva al abismo son sólo resentidos e ignorantes. Hay que seguir por aquí -sentenció el Príncipe.
– Señor, ya se vé el abismo a lo lejos; cambiemos el rumbo -dijo el capitán de intendencia.
– No hay por qué -dijo el Príncipe-. El abismo está muy lejos y este camino es placentero. Sigamos avanzando.
– Señor, una de las carretas ha caído al abismo -dijo el General.
– Bueno, pero nos quedan muchas más… Son riesgos que hay que asumir -dijo el Príncipe-. No seamos pesimistas. El camino es muy bonito.
– Señor, estamos a diez metros del abismo -dijo el Jefe de Estado Mayor.
– No diré yo que no hay cierto riesgo en el camino, pero eso forma parte de la aventura de vivir. Este camino nos llevará a la gloria, creedme. Sigamos -dijo el Príncipe.
– Señor, su carreta está a punto de caer al abismo -dijo el conductor de la misma.
– ¡Alto! -ordenó el Príncipe-. ¡Vamos hacia el abismo! ¡Media vuelta!
Y pensó: «He salvado a mi pueblo del abismo… Soy un gran Príncipe…».

 

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