Bueno, aquí está la crónica de mi viaje a San Sebastián. Hacía unos 30 años que no iba. Fui en los 70-80 cuando mi hermano mayo hacía la mili, y dormí al aire libre en el Urgull, el puerto pesquero y en la Plaza de la Trinidad… Qué tiempos!

Bien, pues 30 años después -y con las facultades físicas y mentales intactas- regreso para reconocer la ciudad y pasar un buen rato.

Alojamiento en el Hotel Orly. Muy bonito en las fotos, pero decepcionante al llegar (antiguo hotel reformado, pero con poco encanto; y la prometida vista al mar produce tortícolis). Eso sí, el personal muy amable y correcto. La próxima vez, al Londres, que mola mucho más, aunque debe ser cosa de 500 euros la noche…

Llegada hacia las 20.30 y directamente a Lo Viejo. Dispuesto a devorar los legendarios pintxos. Varias recomendaciones en la cartera… Y aún así me cuesta encontrar el sitio idóneo. Todos están bastante abarrotados; se respira alegría, y se consume buen género… Tipo popular, tampoco es como para echar cohetes. Nos llama la atención especialmente Casa Gandarias, junto a la plaza de la Trinidad. Mientras vemos si hay sitio nos pasan por delante unos chuletones más anchos que largos, de carne roja roja roja como la caperucita de caperucita roja. MMMMM…. Pero no hay sitio! Chunnngooooo.

Tristones y melancólicos encaminamos nuestros pasos hacia el puerto pesquero, dando patadas a las chapas. Pero tenemos la suerte de encontrar a Sebastián, un merendero muy majo donde terminamos dando cuenta de unas sardinas asadas, unas almejas marinera y un txangurro al natural. La noche termina bien.

Al día siguiente vemos el acuario (mola) y rodeamos el Urgull (también). Así de verde está:

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Cruzamos el Urumea y enfilamos hacia Gros. Aquí sí que sí. Para nuestra tristeza encontramos cerrado Aloña Berri, el legendario campeón de muchas ediciones de premios del Pintxo… Pone en un letrero que por vacaciones, aunque oímos por el vecindario que el dueño se jubila y su hija quiere tener descendencia antes de tomar las riendas del negocio.

Afortunadamente junto a Aloña Berri encontramos una buena hilada de magníficos sitios de pintxos, muy especialmente el Bergara, donde nos ponemos hasta el puesto de vigía de cangrejo con pimientos, foie tibio con sal marina y bacalao confitado. Quérrrico!!!

Paseo de regreso, café con pastas en el Reina Cristina y breve siesta.

Luego nuevo paseo por la Concha hacia Ondarreta. Visita al Palacio de Miramar.

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Teleférico al Igueldo. Tenemos mesa reservada en Akelarre para la noche, y en nuestra ignorancia pensamos que está cerca del parque de atracciones de la cima del monte. Afortundamente el servicio GPS de la Blackberry nos saca del error y evita un largo paseo con mujer con tacones.

Llegamos al Akelarre en taxi, como los señores, y nos dan una mesa estupenda. El atardecer en primera fila de apoteosis.

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Pedimos un menú degustación cada uno (somos dos). Muy rico, todo muy bien explicados, muy curioso. Muy bien presentado, muy original. Una gran experiencia. Unicamente nos preguntamos al día siguiente si los menús, además de a la excelencia combinatoria, artística, visual y gustativa también han pasado el test de compatibilidad gástrica, pues pesa un poco… No sé… eso de triturar la raspa del bacalao para reconstruírla después como galleta… No sé. Pero un gran restaurante, sin ninguna duda, y muy recomendable.

Al día siguiente, a Biarritz.

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Sopa de pescado con rouille y dorada con ajetes en Chez Alberto, un gran restaurante popular en el puerto pesquero. Antes de emprender camino de regreso, vamos a por los periódicos y nos encontramos en los anaqueles… entre las revistas de tele, belleza, cotilleos y moda… una de filosofía!!!! ¡Cómo es Francia, señoras y señores!!!

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El año que viene, al hotel Londres y a Arzak!!

Gracias a todos por las recomendaciones recibidas!

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