El estado de ánimo depende en un porcentaje muy alto de saber elegir el sitio donde estar. Los lugares luminosos y tranquilos ejercen una influencia positiva sobre sus habitantes, que suelen ser amables y cordiales. Vengo de pasar una semana en Camariñas. Mucho mejor que un verano en Nueva York.

Extremo oeste del puerto de Camariñas

El puerto aprovecha una bahía natural de poco más de quinientos metros de punta a punta. Su orientación al sur hace que el sol lo bañe de frente durante todo el día. El agua es remansada, como corresponde a una ría. Al otro lado de ella se vislumbran las playas de Lago y Leis, donde los pinos y eucaliptos intentan llegar hasta el mar, y viceversa.

Frente a la ría. Foto cortesía de Jaime Estévez.

Una opción excelente para alojarse en Camariñas es O Mar de Preciosa, casa de tres plantas y seis habitaciones, en primera línea de ría. Su nombre significa “La mar de bonita”, lo muy bonita que eres, utilizando “mar” como superlativo. En la planta de abajo hay un salón y porche con nevera para vinos y víveres de primera necesidad. Justo enfrente, varias sillas para escuchar lo que el mar tiene que decirnos, que suele ser mucho y muy juicioso. Los espacios comunes favorecen la charla entre huéspedes, o con las personas que atienden la casa, siempre dispuestas a contar historias de la parroquia y sus tradiciones, como los encajes que fabrican las palilleiras desde tiempo inmemorial, con un tipo de hilo y un estilo que solo se ve en Camariñas. Hay un museo y varias tiendas para apreciarlos y llevarse buenos regalos.

O Mar de Preciosa

La oferta de hostelería es sorprendente para un pueblo relativamente pequeño. Comenzaremos por la Taberna do Bico, en el extremo oeste del puerto. Es un establecimiento legendario, cuyo éxito durante décadas ha alumbrado ahora un spin-off gastronómico, el Agocho do Bico, en el centro de la bahía portuaria. Los propietarios son segunda generación de los fundadores de la Taberna, así que todo queda en familia y con el deseo de perpetuar el prestigio por los siglos de los siglos. La sumiller Sara aconseja originales vinos de la tierra para maridar con las conchas, pesca del día o carnes gallegas. Al mando de los fogones está Dani, con mano experta y entusiasmo por el punto justo de brasa o parrilla. Imposible salir decepcionado.

Agocho do Bico

A poca distancia del Agocho está Victoria Cero, con una terraza al puerto donde cada tarde a partir de las siete se preparan sardinas asadas, a seis euros la ración, de buen tamaño. Por esto de las sardinas, entre otras cosas, yo apodo a Camariñas el “Pedregalejo del Norte”. El personal de Victoria Cero es tan más amable que esperó a que diéramos cuenta del penúltimo vino cuando ya no quedaba nadie más en la terraza, a esa hora cuando los gatos patrullan. Gracias por ello.

Pedregalejo del Norte

Las amigas colombianas que han refundado el bar La Playa, a poca distancia, también destacan por su amabilidad, y por unas croquetas excelentes. ¿Y qué decir del Ave del Mar, cuya camarera (propietaria también) me respondió “Sí, mi rey”, cuando le pedí un vino, haciéndome sentir emperador del mundo? También están el Serpent, el Villa de Oro (destacado por la Guía Michelín), La Marina (con los excelentes helados Bico de Xeado)… ¡Ah! Mención especial para O Percebe, que acaba de cambiar de ubicación pero no de calidad de producto, sirviendo unas cazuelitas de percebes (cuando hay) cuya apertura libera un vapor de mar que ya de por sí alimenta. Y cerca está O Portiño, en el que ponen una tapa de galletas especiales para los perretes. Hay más establecimientos, pero una semana da para lo que da. Quedan para el próximo viaje.

¡Aspira hondo!

Vais a pensar que solo me mueve el estómago, pero no es así. Durante mi estancia tuve que imprimir algunas páginas, así que fui a la librería-papelería Bolboreta, donde encontré una buena selección de libros y revistas, entre ellas muchos números especiales de Muy Interesante; me llevé uno sobre curiosidades de la ciencia y otro sobre espiritismo. Lecturas perfectas para esos momentos de resonancia infantil que pasamos a orilla del mar, sin otra cosa que hacer que esperar que la radiación ejerza sus poderes benéficos. Ahora está muy denostada, en parte por interés de la industria cosmética y sus cremas solares, pero si fuera tan mala no habría sobrevivido nadie en África, Persia o India, y en cambio tienen culturas milenarias y sofisticadas. También participé en la librería en un encendido debate entre clientes sobre la mejor opción para pegar una tira de cuero, que resultó ser el Supergén Naranja de toda la vida. Por la noche me encontré a la propietaria de Bolboreta en una de las terrazas del puerto, y la felicité por la calidad de su establecimiento. Una buena librería-papelería es tan importante para la salud de un pueblo como un buen bar.

Collage de cosas buenas

Hay otras muchas cosas buenas en Camariñas, pero no las puedo decir todas, en parte porque son asuntos personales, difíciles de explicar, mensajes que las calles y las casas susurran a cada paseante.

Y ahora diré tres inconvenientes, sobre todo por ver si se pueden resolver de cara a futuro.

El primero concierne a la playa de Area da Vila, a la entrada del pueblo, que es también la mar de coqueta pero parece tener un problema de colectores, que según el momento del día hace menos grata la estancia en su arena.

Lo segundo no depende únicamente del pueblo; ocurre en otras muchas localidades. Tiene que ver con la cantidad de casas que están a medio construir, paralizadas en esqueletos de ladrillo y hormigón hace años, quizás por la Ley de Costas, o por normativas autonómicas o municipales. No pueden quedarse así. Hay que hacer una amnistía, una regularización extraordinaria, alguna medida contundente concertada entre todas las administraciones para que las casas imposibles de recuperar se derriben de una vez y las demás puedan terminarse y florecer. La belleza conjunta se incrementaría en un 345%, según cálculos del Instituto Goytre para la Mejora de los Espacios.

El tercer inconveniente son los petardos. Varias de las noches que estábamos tomando algo en las terrazas del puerto sonaron algunos verdaderamente potentes, lanzados por particulares sin permiso alguno ni otro motivo que las propias explosiones, supuestamente divertidas. Pero para mi perrita esto significa taquicardia, jadeos, angustia y la necesidad imperativa de alejarse corriendo. Bien está que haya fiestas con pirotecnia, pero tiene que ser siempre anunciada con tiempo para que los acompañantes de mascotas podamos alejarnos lo más posible. El uso de petardos por libre en la vía pública es una forma de maltrato animal, y debe ser castigado como tal. Ojalá mi Camariñas luzca dentro de poco este cartel:

Dos fotos más para cerrar el artículo:

Playa de Lago

¡Hasta pronto!

 

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