The Fab Club: RAM, de Paul McCartney
Alberto Goytre y Josemaría Mejorada son dos periodistas, feliz y apaciblemente jubilados, que comparten aficiones musicales, literarias y vitales. Vinieron al mundo con diez años de diferencia y se conocieron haciendo television en el cambio de siglo. Ambos tienen una carrera musical que entronca con la mejor música de los años 60 y 70 bajo los seudónimos de Domalo y Cybil Durango, respectivamente.
Goytre y Mejorada conversan sobre música, en un espacio que lleva por título The Fab Club, abierto a la participación de otros musicólogos subjetivos. Como tantos otros nacidos a mediados del siglo XX, han cultivado el gusto musical como un deber quizás mayor que el académico, y nunca se han reprochado las muchísimas horas dedicadas a la práctica y a la escucha (a pesar de su escasa o, casi siempre, nula rentabilidad). ¿Quién sabe? Quizás The Fab Club sea algún día un simpático bareto donde reunirse y escuchar buena música.
Los dos amigos conversan vía telemática. Hoy (sábado, 7 de febrero), Mejorada está en su casa de Ledesma, en Salamanca, uno de esos sitios que hoy llamamos “pueblos” y que, por su fisonomía y emplazamiento, sugiere que hace dos o tres siglos mereció mayores títulos. Goytre está en Madrid.
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Goytre: ¿Recuerdas Ram, de Paul McCartney, el segundo álbum que publicó tras la separación de los Beatles? El primero fue el conocido “álbum de las cerezas”, llamado sencillamente “McCartney”… Ram salió en… ¿en qué año fue, Cybil?
Mejorada: En mayo del 71. Conviene recordar, además, que la grabación empezó en 1970, justo el año en que los Beatles se separaron.
G: Yo entonces tenía diez años. Así que estaba más pendiente de RinTinTín y otras cosas infantiles que de los guateques, pero tú, en cambio, ya estabas en pleno apogeo, ¿no?
M: Yo ya era un veterano; viví tanto el nacimiento como la desaparición de los Beatles en plena adolescencia.
G: En mi caso, descubrí a los Beatles retrospectivamente, porque cuando empecé a tener conciencia musical ya se habían separado. Para ti, sin embargo, fue diferente.
M: Siempre digo lo mismo cuando me preguntan la edad que tengo: “Yo compraba los discos de los Beatles el mismo día que salían, si el dinero lo permitía, con trece o catorce años. Así que por ahí puedes calcular”. Escuchaba cada tema nuevo en cuanto se publicaba. Por eso, todo lo que vino después, en concreto lo de Paul McCartney, inevitablemente me decepcionó al principio. Era difícil que no fuera así. Sin embargo, ahora, tantos años después, sigo escuchando Ram, y hasta puedo decir que es el álbum que más escucho de Paul McCartney en la actualidad.
G: ¿Ahora escuchas más Ram que Revolver, por ejemplo?
M: Posiblemente sí. Y no solo eso, sino que hasta tengo un disco hecho por músicos americanos, entre los cuales está el batería de Ram, que es una versión íntegra del disco original. Y a veces hasta escucho Thrillington, una versión instrumental y orquestal que hizo el propio Paul McCartney de los doce temas de Ram. Es curioso pensar, entonces, que cuando salió Ram me decepcionó profundamente.
G: Pues sí, ¡cómo evoluciona el gusto! Cuando somos jóvenes el consumo de música y cultura es muy social, casi gregario. Pertenecemos a una pandilla y, aunque tengamos criterio propio, nos dejamos influir por los gustos del grupo. Y según avanzamos en edad, el gusto artístico o musical se depura y la parte individual cobra más importancia que la social. Quizá te ha pasado eso con Ram y los Beatles…
M: En mi caso, con Ram, igual que con McCartney y casi con Wild Life, el primero de Wings. Al principio me parecían discos mediocres comparados con lo que habíamos escuchado de los Beatles. Pero con los años, al seguir la carrera de Paul, John Lennon y George Harrison, me di cuenta de que no estaban tan mal, que incluso eran mucho mejores que lo que vino después. Supongo que la nostalgia juega su papel, y asociamos esos discos con la juventud. Al escucharlos fuera de su contexto original, ahora nos parecen álbumes estupendos, incluso para los jóvenes de hoy, que los descubren como si fueran novedades.
G: Me decías que fue el mismo año de la separación, en 1970, cuando McCartney ya estaba grabando algunas pistas de Ram y prefirió producirlas por su cuenta, en vez de integrarlas en unos Beatles en descomposición, ¿no?
M: Bueno, más que en descomposición, ya se habían separado. Cuando McCartney publicó su primer disco en solitario, McCartney, el que tú llamas “de las cerezas”, lo hizo solo, grabó él solo todas las pistas e instrumentos, y se publicó antes que Let It Be. Ese verano, cansado de estar solo en su granja escocesa con Linda, decidió grabar un disco en condiciones. Se fue a Nueva York, contrató músicos y elaboró Ram, un álbum mucho más trabajado que el anterior. Todo esto ocurrió justo cuando estaba poniendo una demanda a sus compañeros para disolver los Beatles y deshacerse de Allen Klein, el mafioso mánager americano. Era un momento complicado para McCartney. Es sorprendente que Ram saliera tan bien en ese ambiente tan oscuro.
G: Una de las canciones del disco, “Too Many People”, está relacionada con ese contexto difícil, ¿no? Uno podría pensar que habla de un atasco en la M-30 o de la multitud en la ciudad, pero en realidad hace referencia al lío de gente, incluida Yoko Ono, y al caos mental que supuso la última etapa de los Beatles.
M: Sí, era la batalla personal entre John y Paul. De viejos amigos pasaron a ser “enemigos”, y sus parejas, sobre todo Yoko, influyeron en esa tensión. Se lanzaban dardos envenenados en las letras. Aunque “Too Many People” solo deja caer algún comentario, como “demasiada gente predicando”, que Paul asociaba con John y Yoko en Nueva York. Pero en el fondo, yo creo que se querían y acabaron reconciliándose. “Too Many People” para mí es un temazo. Es uno de esos temas de Ram que podrían haber estado en un disco de los Beatles. Hay cuatro o cinco canciones en Ram que creo que podrían haber formado parte de cualquier álbum de los Beatles, y “Too Many People” es una de ellas.
G: Es una canción preciosa, y es como la cara opuesta de “Heart of the Country”, la que abría la cara B del vinilo. Si el mundo está lleno de gente peleando por un pedazo de tarta, qué mejor refugio que el corazón del campo, una declaración de intenciones, una búsqueda de tranquilidad en la granja escocesa. ¿Qué te parece a ti?
M: Me encanta, aunque sé que a ti te gusta más. Recuerdo cuando tocábamos juntos temas de Paul y de los Beatles, este era uno de nuestros favoritos. “Heart of the Country” es un temazo acústico que perfectamente podría estar en el “disco blanco” de los Beatles.
G: Es una canción sencilla, pero en el momento del riff de guitarra, ese pequeño estribillo instrumental, “pararararabiruparam… ¡pam!” se nota la explosión de creatividad. Ese corte instrumental convierte una canción normalita en algo excepcional.
M: Tú te fijas más en esos pequeños detalles, y estoy de acuerdo: es lo que da personalidad y hace diferente a la canción. Además, Paul McCartney es un maestro de la melodía, capaz de sacar oro de cualquier nota.
G: La siguiente es una canción extraña, “Monkberry Moon Delight”, una de las que más escucho, por su furia contenida, rabia y fuerza. Los prodigios vocales de Paul en la parte final, con sonidos de garganta increíbles, son comparables a etapas de Stevie Wonder y muy pocos más. Pero la letra es rarísima. ¿Alguien ha conseguido descifrar “Monkberry Moon Delight”?
M: Yo desde luego no. Nunca he sido aficionado a analizar letras; soy más amante de las melodías. Para mí, la música ya tiene letra por sí sola. Y si además es buena, mejor. Pero nunca he intentado descifrar esta. Y sí, parece rarita. Además, Paul es un vocalista único; incluso John Lennon envidiaba su voz rockera.
G: Decían que John tenía que estar entonado para cantar, que por las mañanas le costaba coger el tono. Paul, en cambio, tenía una facilidad proverbial. Pero sí, es una canción extraña. Estoy de acuerdo en que las letras tienen poco interés en la música pop, que es la apoteosis del minimalismo. Como una canción famosísima de los Beatles ejemplifica: “She Loves You”… Yeah, yeah, yeah… No hace falta más. Esa es la gloriosa simplicidad del pop. Luego conocimos la obra de muchos cantautores, influenciados por la canción francesa, con letras más complejas y valoradas, como Javier Krahe o Sabina. Pero yo siempre he pensado que quien quiera hacer letras, que escriba libros o poesía, y que deje la música en paz. Sabina, por ejemplo, seguramente sea buen poeta, pero no hace falta ponerle música a todo lo que escribe. La música, cuando nace como música, es mucho más espontánea.
M: Estoy de acuerdo, pero como compositor también te diría que he escrito canciones empezando por la letra, y a veces he conseguido ponerles una música que parece hecha para esa letra. A veces ocurre la magia. Por eso, las letras tienen su papel. Bob Dylan, por ejemplo, resulta difícil decidir si es mejor músico o letrista, aunque hasta tiene un Nóbel por sus letras. Pero para mí, siento decirlo, Dylan es mejor músico que letrista, aunque escriba letras que me fascinan.
G: Es este un viejo debate. En el caso de Paul, prima tener algo que cantar y luego ponerle una letra. “Monkberry” debió de ser algo así, una serie de frases inconexas. Hay otras canciones de ese estilo, como “Solar Prestige A Gammon” de Elton John, del album Caribou, que no significa nada. Pero sigamos con Ram. Vamos con una de las composiciones más “operísticas”. “Back Seat of My Car” es casi una pequeña ópera, con textura orquestal y estructura compleja. Dura seis o siete minutos, con varios cambios de ritmo y tempo.
M: Sí, yo la llamaría suite, como esas canciones que encajan varias melodías perfectamente. Ten en cuenta que Paul ya la presentó durante Let It Be, cuando grababan lo que era “Get Back”, un año antes de separarse. La presentó al grupo, pero pasó desapercibida. Y, fíjate, terminó siendo la joya de la corona del disco, el último tema, el que lo cierra.
G: ¿Te pasa también que, al conversar, tienes las canciones sonando en la mente?
M: Sí, claro, estas canciones las tengo muy grabadas en la cabeza.
G: Yo casi me pongo a tararearlas. Me sigue sorprendiendo, la verdad. “Uncle Albert/Admiral Halsey” también es una canción orquestal, con estructura narrativa. Hay dos aspectos que me llaman la atención: el carácter familiar y dominical que impregna la música de Paul, algo heredado de la tradición de banda municipal donde tocaba su padre.
M: Paul creció con un padre músico, acostumbrado a escuchar la música de los años cuarenta y cincuenta. Eso le influyó profundamente. Componía canciones que John Lennon llamaba despectivamente “granny music”, literalmente “música de abuelitas”, como “Your Mother Should Know” o “When I’m Sixty-Four”, esta última compuesta, por cierto, cuando apenas tenía diecisiete años. La tradición de banda está muy arraigada en Paul, que ha absorbido influencias de rock and roll, music hall, folk… Hablando de “Uncle Albert”, recuerdo que John Lennon, pese a estar muy enfrentado con Paul cuando salió Ram, llegó a decir que era el mejor tema que había escrito después de los Beatles.
G: El público parece estar de acuerdo, porque “Uncle Albert” es la canción más escuchada del álbum en Spotify, con más de cincuenta millones de reproducciones, el doble que “Heart of the Country”.
M: Y aunque no fue apenas promocionada, llegó a ser número uno en Estados Unidos.
G: Es curioso, porque no es bailable ni pensada para ir de guateque, sino para escuchar en pareja o en solitario.
M: Siempre me intrigó ese sonido de teléfono averiado en medio de la canción, una muestra de la diversidad y creatividad de Paul.
G: Añade efectos de megáfono, radio, walkie-talkie… Cosas de McCartney que siempre me han fascinado. Por cierto, nunca hemos sabido quién era ese “Uncle Albert”, ¿verdad?
M: No tengo ni idea, puede que sea un personaje inventado. Muchas letras de Paul nacen así, como “Eleanor Rigby”, que originalmente iba a llamarse “Miss Daisy Hawkins” y luego le cambió el nombre. Las letras son un mundo aparte. ¿Pasamos a mi tema favorito del disco?
G: Venga, ¿cuál?
M: “Dear Boy”.
G: “Dear Boy”, sí. Es increíble cómo se puede hacer tan buena música en tres minutos. ¿Por qué te gusta tanto?
M: Por lo que has dicho: mejor música, imposible. La melodía me recuerda a “Martha My Dear”, va cambiando y sorprendiendo, siempre por el camino correcto. Es una canción que nunca deja de maravillarme.
G: Es como una galopada de Maradona o Messi a todo lo largo del campo, sorteando contrarios, hasta marcar el gol, ¿verdad?
M: No sería una mala comparación. Cuando los ves regatear, piensas “va a ir por aquí”, y lo hacen. Con McCartney ocurre algo parecido; va justo por donde imaginas que va a ir , y aun así no deja de sorprenderte.
G: Además, es prodigiosa vocalmente, con un rango tremendo entre graves y agudos, incluso falsete. Hay una amplitud de registros impresionante.
M: La voz de Linda McCartney tiene un papel relevante aquí. Aunque era novata en la música, todos acabaron admirándola por cómo se integró en Wings y por su aportación vocal. Tiene una bonita voz, y afinada. Paul siempre quiso que Linda formara parte de su grupo, no solo como pareja, sino como colega. Igual que cuando John metió a su amigo Stuart en los Beatles, aunque no supiera tocar nada. Linda no había tocado el piano en su vida, pero Paul la animó a aprender y participar. En “Dear Boy”, las armonías vocales son espectaculares, incluso los Beach Boys se quedan cortos en comparación.
G: Ya nos van quedando pocas canciones que comentar, ¿no?
M: Sí. Si te parece pasamos a las que menos me gustan del disco.
G: Adelante.
M: Hay un par de temas que, sinceramente, Paul podía haber dejado en el cajón: “Smile Away” e “Eat at Home”, cancion esta última que incluso sacaron en single, cosa que no entiendo.
G: Son muy bailables, eso sí. Pop-rock clásico, alegre, te lleva a la pista. Pero teniendo los tesoros musicales que tiene el disco, resulta extraño que la industria apostara por ella como single.
M: Oye, pero nos dejamos una muy buena. Una que tiene que ver con el nombre que usaba Paul McCartney en Hamburgo: Ramón.
G: ¿Eh?
M: Sí hombre, esa historia de que se ponían nombres ficticios en Hamburgo. Paul era Ramón, y por lo visto eso le inspire el título de la cancion, “Ram On”. Un juego de palabras que también significa “Embiste”. Te confieso que cuando cojo la guitarra, raramente pasa un mes sin que toque “Ram On”. Es una delicia tocarla. Una estructura sencilla, pero con acordes extraños, difíciles de imaginar, y una melodía realmente inspiradora.
G: Para mí, esa canción es como una pequeña plegaria, una oración musical. Igual que antes de dormir recitas “Ángel de la guarda, dulce compañía…”, también puedes recitar de vez en cuando “Ram on… give your heart to somebody… soon, right away…”, y ya está, cumple su función. A veces la oración surte efecto.
M: Así es.
G: ¿Hablamos del paso siguiente, el tránsito desde Ram hasta la formación de Wings y el disco Wild Life?
M: Te puedo contar lo que sentí cuando se publicó Wild Life. Si McCartney y Ram fueron dos decepciones en su momento, Wild Life ni te cuento.
G: ¡No me digas!
M: Para los veinteañeros de entonces, Wild Life era una birria de disco. La cara A, en vinilo, sigue siendo muy floja. Solo recupera el nivel en la cara B, con algunos temas grabados en la época de Ram, como “Some People Never Know”. Paul estaba más empeñado en montar un grupo que en hacer un buen disco, tenía prisa por salir de gira y volver al circuito. A ti creo que te gusta más que a mí.
G: Sí, Wild Life es un disco que escucho con frecuencia. No creo que tenga canciones malas, aunque es menos intenso creativamente que Ram. No hay un “Dear Boy” en Wild Life, pero sí muchos “Heart of the Country” y buen pop acústico. Es más homogéneo en producción, como corresponde a un grupo, más coherente desde el principio al final. Tiene un estilo más propio que Ram, que es una explosión de creatividad y mezcla de estilos. No me parece un disco malo, hay canciones que disfruto mucho. “Dear Friend” es un buen tema, uno de los más solemnes y tristes, con una orquestación prodigiosa.
M: Creo que al poner en pie el grupo Wings, Paul buscaba huir desesperadamente de los Beatles; quería un grupo nuevo, una música propia. En ese sentido, lo consiguió.
G: Sí, necesitaba alas, y a volar… Bueno, oye, ya nos queda poco tiempo, tengo la version gratuita de Zoom, y solo quedan cuatro minutos… ¿Qué tal por Ledesma? ¿Mucha lluvia?
M: No te creas. Hoy precisamente está despejado, se está bien. Lo malo es que están haciendo obras en el pueblo, está todo levantado…
G: Bueno, pero eso quiere decir que hay demanda, que el pueblo va a más, ¿no?
M: No sé… yo lo veo igual de vacío de todas formas.
G: Siempre recuerdo el rato que pasamos allí hace un par de años, con tu fabulosa colección de discos, un whisky y las guitarras… Y el paseo que me di a la mañana siguiente, con mi perrita. Hacía un día espléndido y el suelo estaba helado de rocío brillante. La vista desde el otro lado del puente, apreciando las murallas y la estructura de lo que debió ser una ciudad importante en su tiempo, me encantó.
M: Sí, Ledesma bonita es, desde luego. ¿Y tu viaje a Badajoz, para cuándo?
G: Lo he pospuesto, precisamente por las lluvias. Seguramente será la segunda semana de marzo. ¡A ver si coincidimos y podemos hacer presencialmente un segundo número de estas charlas!
M: Perfecto. Ya te voy diciendo, porque me muevo bastante.
G: Ok, Durango, ten buen día. Nos vemos pronto. ¡Abrazos!
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P.D.: Con posterioridad a la grabación de esta conversación, recibimos la información del estreno de Man on the Run, un documental que explora precisamente los mismos años creativos de Paul, tras la disolución de los Beatles, que hemos estado comentando aquí. Estamos deseando ver el documental para comprobar si nuestras valoraciones están alineadas, y en todo caso nos llama la atención la misteriosa conjunción estelar que nos ha llevado a producir nuestra charla en las mismas semanas en las que el docu estaba a punto de salir. ¡Qué cosas!
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