El día que no estuve con Sade

Adú, en su granja mansión de la campiña

inglesa, fue maravilloso. Me había invitado

después de una larga correspondencia,

muchas cartas sobre temas musicales, y otras cosas,

me dijo «oye, tienes que venir a verme», y fui,

y fue fantástico, un fin de semana completo, tiene

una casa preciosa, de estas puntiagudas, con muchísimo jardín,

y no tomamos un té, ni quince whiskis, ni pasteles, nada de nada,

simplemente conversamos, escuchando los mirlos, aunque yo

más que nada escuchaba su voz profunda, tan negra, tan bonita, tan honda,

la misma voz que fascinó al mundo entero cantando «Smooth Operator»

ahora me estaba diciendo a mí que si quería otra taza de té,

otro hielo en el whisky, que si estaba bien, mientras atardecía

en la campiña inglesa, y que si me quería quedar a dormir

tenía habitación, no había problema, así que le dije que sí, por qué no,

y seguimos conversando, bebiendo, cantando, también, a veces, a dúo,

ella y yo, borrachos como cubas, riéndonos de todo, cantamos

varias canciones de sus discos, «Slave Song», «Cherish the Day», no sé, no me acuerdo

de todas las que no cantamos, además debo ser discreto, no sé que hora

sería cuando no nos fuimos a dormir, Sade (Adu) y yo, en su casa

tan bonita de la campiña inglesa, debían ser las cuatro y media o algo así.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *