Cyrano de Bergerac y la cuarta dimensión
La historia de un enamorado feísimo pero de gran elocuencia que ayuda a su rival guapísimo pero simplón en la conquista de la amada por ambos, prestándole su ingenio para suplir la falta de labia del otro: yo sabía que en Cyrano de Bergerac, la obra inmortal de Edmond de Rostand, había algo, pero lo que no esperaba es que hubiera tanto.
Leer teatro me resulta incómodo. Estoy acostumbrado al flujo lineal de la novela y la poesía, y no me gusta tener que detenerme para interpretar las acotaciones e instrucciones particulares que acompañan a los diálogos. Busqué sin suerte versiones noveladas, o al menos resúmenes amplios del argumento de Cyrano. Me resultó sorprendente que una historia de tantísimo éxito, que trata el punto esencial de contacto entre la belleza y la imaginación, no tenga no una sino muchas versiones en prosa, pero así es, salvo error por mi parte.
Así que busqué alguna representación teatral próxima en mi ciudad, y esta vez sí que fui afortunado, pues la Compañía Paloma Mejía tiene la obra en cartelera del Teatro Victoria. Se trata de una producción minimalista -el presupuesto manda-, pero excelentemente interpretada y dirigida, con una sensibilidad especial hacia los momentos cruciales de la trama. Eché de menos un poquito de amplificación de sonido de las voces de los actores, sobre todo en los pasajes íntimos, aunque en esto también puede que mi incipiente sordera tuviera parte de culpa.
Pues bien, tras asistir a la representación, y una vez recuperado del estado de shock lacrimógeno y catártico, estoy en condiciones de intentar escribir el resumen esencial de la trama que yo no conseguí encontrar, por si a otros les resulta útil. Como de costumbre, advierto que estas páginas contienen numerosos spoilers, y también reitero mi convicción de que al ser cada lectura o vivencia subjetiva de una obra literaria algo único, la importancia de conocer previamente detalles del argumento es muy relativa, y no afecta a la resonancia personal de la historia en el espíritu de cada cual.
El joven Cyrano, señor de Bergerac, dotado de un apéndice nasal descomunal, milita en la compañía de Cadetes de Gascuña, y goza en París de prestigio como buen espadachín, bravucón, buen amigo y excelente poeta. Una tarde monta un altercado importante en un teatro, impidiendo la representación de un actor célebre, al que aborrece por su vulgaridad y carácter seboso. Después, acude en ayuda de un amigo borrachín amenazado y pone en fuga a no menos de cien adversarios, como si fuera la Uma Thurman de un Kill Bill parisino del siglo XVI.
Los dos episodios anteriores multiplican su fama, impactando a la joven Roxana, seudónimo literario de Magdalena Robin, prima hermana de Cyrano. Es importante el dato del seudónimo, porque revela la pertenencia de Roxana a la tribu urbana de las “preciosas”, muchachas parisinas que daban un gran valor a la elocuencia y la poesía. Roxana es un nombre artístico, como hoy Tangana o Carol G.
Cyrano está enamorado de Roxana desde la más tierna infancia, pero no se atreve a manifestarle su querencia por miedo al rechazo, dada la enormidad de su nariz.
Bien, pues tras los incidentes del teatro y el combate contra cien, la criada de Roxana le hace llegar una petición para encuentro en la pastelería del amigo común Raguenau. Obviamente, Cyrano se ilusiona, pensando que sus hazañas han conseguido conquistarla. En el small talk, Roxana y Cyrano recuerdan sus días de infancia, sus juegos juntos, en los que ella a menudo curaba las heridas del niño, producidas en sus correrías o peleas. Esta parte de la conversación alumbra un aspecto del amor que enlaza directamente con Dafnis y Chloe, Laila y Majnún, y otras historias de la literatura universal en las que el amor adulto es simple y naturalmente prolongación del infantil.
Después de estos momentos de recuerdos compartidos Roxana entra en materia y le confía a su primo que está enamorada. Cyrano toca el cielo, pero solo para caer de él en línea vertical unos segundos después, cuando ella dice que el objeto de su amor es Christian, noble cadete de la misma compañía que Cyrano. Confiada en la relación amistosa, ella le pide que la ayude en su proyecto amoroso, solicitando a Christian una carta de amor. Devastado interiormente, pero con el temple bajo control propio de un caballero, Cyrano promete proteger al cadete Christian y cumplir la misión encomendada.
Poco después informa a su camarada de su suerte amorosa y le sugiere escribir la carta que reclama Roxana. Él se pone contentísimo, pues también está enamorado de ella, pero confiesa su total ineptitud para la redacción epistolar y la expresión verbal mínimamente sofisticada. Cyrano le propone entonces ayudarle, no por favorecer la relación entre ellos sino por tender con Roxana un hilo espiritual a través de las palabras que vaya a firmar Christian. Así se establece este inverosímil triángulo en el que Roxana, atraída inicialmente por la belleza física del joven, se verá deslumbrada por las palabras impostoras de su primo, sin saber que son suyas.
Christian se crece. Al cabo de unos días, le dice a Cyrano que ya no necesita sus servicios, que quiere hablar con ella directamente, decirle que la quiere con toda la simplicidad de su alma; piensa que eso debería bastarle. Cyrano se encoge de hombros: “¡Allá tú!”. Roxana cita a Christian bajo su balcón, en una noche oscura, propicia a los amantes. Muy pronto el joven se da cuenta de su error, cuando ella le responde “Muy bien. ¿Y qué más?” a la solemne declaración de amor desde lo más hondo de su alma. Ella espera las metáforas, las hipérboles y las comparaciones sublimes que solo un poeta es capaz de formular. Cuando ve que Roxana empieza a impacientarse, Christian le pide disculpas y nueva ayuda a Cyrano, que anda por allí cerca. Recordemos que son épocas sin luz eléctrica. En la tiniebla de la noche parisina, Cyrano comienza a susurrar a la oreja de su rival las palabras que debe decir, pero ella se da cuenta de que hay un lapsus extraño entre frase y frase. Cyrano decide tomar la voz cantante y hablar directamente a su prima, protegido por la oscuridad. Ella aprecia un cambio de tono de voz, pero no le da mayor importancia, arrebatada por las cosas que oye, la música verbal enamorada que le acaricia el espíritu y enciende el deseo. La única intervención de Christian en el diálogo es cuando aprovecha para introducir la palabra “beso” en una estrofa que pide esa rima. Roxana lo acepta. El amante guapo trepa hasta el balcón. Abajo, Cyrano pronuncia estas tristes palabras para sí: “Beso, festín de amor del cual solo me llega una migaja, aquí en la sombra… Pero sí, siento cómo mi corazón lo recibe, ya que, sin saberlo, Roxana besa en ese labio ajeno las palabras que yo he dicho”.
Hay también en la vida de Roxana un rijoso conde, sobrino del cardenal Richelieu, que pretende casarla con un amigo suyo, con fama de consentidor, para así poder tener fácil acceso a ella, que le rechaza con toda la diplomacia posible. Son tiempos de guerra con España. El conde es ascendido a general con mando militar sobre la compañía de cadetes de Gascuña. Ante la perspectiva de partir al frente, el conde hace llegar a Roxana, utilizando como mensajero a un torpe monje capuchino, una carta instándola a reunirse con él en cierto lugar, con objeto de hacerla suya de una vez. Tras leer la carta en silencio, Roxana comprende que la diplomacia ya no será suficiente. Lo que hace es leerla fingidamente en voz alta, transformando su contenido, diciendo que los deseos del conde son que el monje la una en santo matrimonio con Christian, allí y ahora. Por si el religioso tuviera dudas, añade a la falsa lectura una generosa bolsa de donación para el convento. La ceremonia se celebra en el acto. Roxana y Christian ya son marido y mujer, con Cyrano presente. El conde, extrañado por el retraso, acude en busca de Roxana, descubre el engaño y monta en cólera. Ordena que la compañía de cadetes parta de inmediato al frente de batalla. “La noche de bodas tendrá que esperar”, dice. Cyrano murmura: “¡Pensará el muy imbécil que con eso me da un disgusto!”.
Antes de separarse, Roxana le hace prometer a Cyrano que protegerá a su marido, y que hará que le escriba todos los días.
Varias semanas después, los cadetes, ya en el frente de batalla, reciben de nuevo visita del pérfido conde, para anunciarles que el grueso del regimiento va a abandonar la posición, debido a la presión irresistible de enemigo, pero que dejará a unos cuantos hombres (naturalmente, con Cyrano y Christian entre ellos) para resistir como carne de cañón, y ganar tiempo para la retirada de los demás.
Cyrano comprende que van a morir y redacta la carta de despedida de Christian para su esposa. Sin que lo supiera el marido, durante las semanas de guerra ha estado escribiendo a Roxana dos cartas por día, expresando todo su amor con la intensidad que el campo de batalla sugiere, y firmándolas como Christian. Al escribir la última, de despedida, Cyrano no puede evitar derramar una lágrima, que cae sobre la tinta fresca.
Poco después aparece Christian, precisamente para pedirle que por favor escriba a Roxana una carta de despedida. Cyrano le tiende la que acaba de redactar. Christian se sorprende de que la tuviera ya escrita, y advierte el rastro de la lágrima alterando algunas líneas. A pesar de ser poco ducho en letras tampoco es tonto. Entablan una conversación en la que Cyrano confiesa que ha estado escribiendo dos cartas diarias a Roxana, sin advertir de ello al marido.
Mientras Christian está intentando asimilar todo esto se presenta en la escena del frente de batalla la propia Roxana, que ha conseguido cruzar las líneas enemigas diciendo que iba a ver a su amante, confiando en la galantería de los soldados españoles. Merece la pena advertir la fina ironía de Rostand cuando pone en labios de Roxana: “Si hubiera dicho que venía a ver a mi marido no me hubieran dejado pasar».
Roxana y Christian quedan a solas. Ella le cuenta que las cartas recibidas desde el frente la han impulsado a viajar para verle y morir con él si fuera necesario. Totalmente entregada, le dice que gracias a esas cartas ha descubierto la verdadera naturaleza del amor, y que ya no le importaría que fuera el hombre más feo del mundo, pues le seguiría amando. Esto termina de despejar las dudas de Christian, suscitadas por el rastro de la lágrima en la tinta. Pide a Roxana que se ausente unos momentos con cualquier excusa y mantiene una conversación crucial con Cyrano. Le hace reconocer que él también ama a Roxana, pero en lugar de indignarse por el engaño le pide que le descubra todo a ella, para que pueda decidir si le ama realmente por lo que es, un cadete joven, valiente y enamorado, o por la sugestión de la prosa y los versos de Cyrano.
Roxana regresa a escena, y Christian se ausenta para ayudar en una refriega contra el enemigo. A solas con ella, Cyrano balbucea, incapaz de descubrir la verdad. Suena una detonación fatal. Christian regresa mortalmente herido. Cyrano se arrodilla junto a él y en un acto sublime de piedad le dice, sin que ella pueda oírle, que le he contado todo a Roxana: «¡Y te quiere a ti!”, miente piadosamente. Christian muere con la carta de despedida abrazada a su pecho sangrante.
Quince años después, Roxana vive como viuda en un convento, entretenida con sus labores y el recuerdo de su amor. Siempre lleva la carta de despedida junto a su corazón. Todos los sábados recibe la visita de Cyrano, que consiguió sobrevivir a la batalla con los españoles, y acude puntualmente a verla para informarle sobre cotilleos y noticias de la corte, y pasar un rato juntos. Ese día, cuando Cyrano va a verla sufre un accidente que le causa una grave fractura craneal. Los médicos insisten en trasladarle al hospital, pero él prefiere una cura de urgencia para no faltar a su cita semanal con Roxana. Cuando llega, ella al principio no advierte su lamentable estado. Cyrano le cuenta un par de cotilleos intrascendentes, y después le pregunta si todavía conserva con ella la carta de despedida. Roxana la saca del corpiño y se la entrega. Están a oscuras, como en la escena del balcón quince años atrás. Cyrano empieza a leer la carta, y según avanza Roxana se da cuenta de dos cosas: en primer lugar, de que no la está leyendo, sino que se la sabe de memoria, y en segundo lugar de que la voz con la que lee es la misma que la conmovió en el balcón justo antes del beso de amor. Se produce la anagnórisis, ese momento mágico y sublime que culmina tantas historias, en el que se descubre finalmente quién es quién. Lo que ocurre a partir de aquí no lo voy a contar.
Hay tantas cosas admirables en el Cyrano de Rostand que hacen pensar que el autor en realidad no escribió la obra, sino que le fue revelada. Dos minutos antes del estreno, preparaba a los actores entre bambalinas para un fracaso que creía inevitable. Fueron cuarenta minutos de aplausos ininterrumpidos. Es un caso sorprendente de ascenso meteórico y vertical a la gloria literaria. Nunca fue capaz de repetir el éxito monumental, inmediato y universal de esta maravilla. Como en el Quijote, como en Cien años de soledad, la respuesta unánime del público (todavía hoy) demuestra que la verdadera calidad, el hallazgo literario excepcional, es perfectamente reconocible sin la ayuda de sesudos críticos.
Con Cyrano, Rostand creó un nuevo mito, lo cual es algo notable después de seis o siete milenios de literatura escrita. La tensión entre la belleza, la fuerza y el amor forma parte de la mitología desde tiempos remotos, pero la introducción en esta geometría espacial de la cuarta dimensión espiritual, inducida por la resonancia imaginativa que ciertas combinaciones de palabras producen en la mente, es algo totalmente novedoso.
Son muchas las cuestiones esenciales que se tratan en la obra. En primer lugar, el carácter imaginativo del amor. Roxana no se enamora de Christian por su belleza física; eso es sólo un primer filtro de selección. Cuando ve, en el balcón, que no es capaz de articular pensamientos tan vehementes como sofisticados, se siente decepcionada. A su vez, Cyrano prefiere imaginar el amor a declararlo y tener por tanto la oportunidad de vivirlo realmente. ¿Acaso ella le rechazó por su nariz como compañero de juegos infantiles? ¿Por qué un espadachín capaz de batirse con cien hombres es incapaz de decirle a una mujer que la quiere? ¿Por qué no la pide en matrimonio cuando enviuda? Porque es mucho mejor imaginar el amor que arriesgarse a perderlo. La concreción lo mata, transformándolo en otra cosa. (¡Qué bien supo ver esto el Eliade de Maitreyi!). Literariamente hablando, el amor solo es real cuando es imposible, y unos u otros obstáculos se interponen entre quienes se desean. En la vida real puede que sea otra cosa: cada hombre es un abismo, y cada mujer lo mismo.
En segundo lugar, el valor de la amistad, o más precisamente el de una de sus variantes más peculiares: la camaradería. Cyrano y Christian no son precisamente amigos, pero sí compañeros de filas, y eso impone unas reglas de respeto mutuo. Cuando Christian se da cuenta de que Cyrano es el alma que ha enamorado a Roxana a través de su cuerpo, no le desafía en duelo; ni siquiera le reprocha nada: simplemente le exige que revele a ella la verdad, pues él no quiere un amor que no es suyo. A su vez, Cyrano pronuncia las dos mentiras más hermosas posibles pocos segundos antes de que su camarada expire, diciéndole primero que ha revelado la verdad a Roxana, cosa que no ha hecho, y después que ella le ha dicho que “te quiere a ti”.
En tercer lugar, la importancia del humor. Toda la obra está empapada de momentos simpáticos e ingeniosos que conviven con la catarsis emocional más absoluta, ya que es imposible evitar las lágrimas en los dos finales de la historia, el de Christian y el de Cyrano. Aunque se llame tragicomedia, La Celestina tiene muy poca gracia, pero Cyrano realmente hace reír en muchas ocasiones.
Y en cuarto lugar, la importancia de lo literario sobre todas las cosas. Cyrano es un hidalgo muy hábil con la espada, pero sin gran jerarquía social. Es su talento literario lo que le granjea el respeto de todos sus amigos y conquista espiritualmente al amor de su vida. El despreciable conde que abandona a los cadetes a una muerte cierta solo puede presumir de ser sobrino de Richelieu, pero aparte de poder no tiene nada. Lo literario, la poesía y la imaginación son lo que verdaderamente estructura la sociedad.
Espero que esta detallada sinopsis, este spoiler integral, no disuada a nadie de ir al teatro, sino que más bien anime a ello, para ver y vivir toda esta maravilla en acción. Recordad: la trama sólo es la partitura; para apreciar la música hay que escucharla, preferentemente en directo, llena de matices, estableciendo ese puente fantástico entre artista y espectador que da sentido a todo. Además, en mi resumen hay varios errores, y la única forma de identificarlos es yendo a ver la obra.
Hola, soy Alberto. !Bienvenid@ a mis páginas personales! Aquí encontrarás literatura y comunicación en diversos soportes: textos, fotografías música, voces… ¡Pásalo bien!
¿Buscas algo en concreto?
Lo más reciente
- Cioran y la fantasía
- Memorias, literatura e industria
- El día que no estuve con Sade
- Springora, Cioran, industria y literatura
- The Fab Club: RAM, de Paul McCartney
- Cyrano de Bergerac y la cuarta dimensión
- Bondad, memoria y máquina de escribir: elogio de Jack Kerouac
- La historia de Layla y Majnún
- La literatura esencial
- Fantástica lluvia
En este blog encontrarás…
arte audiovisual Ausias March Bagan Birmania ciencia Cine comunicacion economia España eventos filología Fotografía Frases Perversas internet Lago Inle literatura Literatura Fantástica madrid Mandalay marketing mediterraneo musica Myanmar Pablo Neruda Periodismo Poesía poesía española contemporánea Poesía Experimental política publicidad Publicidad Online Rangoon Redes Sociales Rusia television textos de viajes Textos Originales Traducciones turismo twitter viajes video vnews webtvPerfil Profesional
Reportarte: mi empresa
- Alcala
- Artículos
- Bulevares
- Composiciones originales
- Comunicación y Medios
- Constelaciones
- Crítica literaria
- Domalo
- El Trato de los Vivos
- En prosa
- En verso
- Frases Perversas
- Imágenes
- Literatura
- Los Versos del Piloto
- Mi Ausias March
- Mi Biblioteca
- Música
- Notas, Reseñas, Ideas
- Política
- Portada
- Reseñas
- Sonetos Educados
- Sonetos Imposibles
- Uncategorized
- Versiones
- Viajes
- Vida Invisible




