¿Es posible una novela por entregas digitales hoy en día? Vamos a intentarlo. Aquí os dejo los párrafos de apertura de El Traidor. Si creéis que merece la pena, continuo:

Las barritas tostadas de Fernando son excepcionales. Consigue un punto de dorado mantequilloso sobre el pan laminado, finísimo, y una temperatura constante, de forma que cuando llega, abierta en canal, de par en par sobre su tosco plato de porcelana blanca manida, diciendo “¡úntame la mermelada por encima! ¡cómeme, cómeme, por favor, no tardes!”, se te mueve el corazón. Es incluso muy bonita desde el punto de vista estético. Fernando consigue una gradación de tonos dorados desde el blanco de miga hasta el tostado a punto que dan ganas de hacerle una foto, y de hecho hay mucha gente que la hace, la instagramea y obtiene cientos o miles de likes, ya que las barritas tostadas de Fernando tienen tantos matices de rubio y dorado como los trigales de Brueghel el Viejo.

Hundir esa barrita en un café, preparado con igual amor y esmero, saboreando el dulce mix de pan, mantequilla, mermelada -teniendo en cuenta que es lo primero que se come después de una noche de sueño irregular y un desayuno desangelado- es lo más parecido al paraíso que tendrá la rutina laboral de un día tras otro en cualquier empresa, como la mía, una de investigación biotecnológica ubicada en el polígono de nuevos desarrollos de Alcobendas, Madrid, capital de España, un país insignificante hoy en día pero que fue antaño centro del universo.

Y si además la barrita tostada la consumes con Tristán al lado ¡para qué más!  Sin él, no sabría igual; el café estaría frío; los esfuerzos de Fernando por condimentar el mejor desayuno del mundo serían inútiles. Sin el amigo Tristán, hundiendo su propia barrita en su taza, en perfecto paralelismo de movimiento conmigo mismo, jugando a una danza de natación sincronizada de barritas de pan sumergiendo sus piernecitas doradas en las tazas respectivas, si él no estuviera a mi lado, haciendo lo mismo, no sería igual, no sería nada, sería una puta barrita tostada solitaria, por muy rica que estuviera; no sería igual.

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