El libro Genialidad y Psicopatología (Biblioteca Nueva, Editorial Labor, año sin precisar, aunque por la pinta debe ser 1950 y pico, ya que la etiqueta del lomo dice «Precio 40 pesetas») es muy interesante. Está escrito por el ilustre psiquiatra José María Sacristán, de quien no figura reseña alguna en Wikipedia, pero sí he encontrado esta en Psiquiatria.com:

«1887-1957. Psiquiatra español. Estudio en Alemania con Emile Kraepelin. Junto con José Ortega Gasset y Gonzalo Rodríguez Lafora fundó la revista Archivos de Neurobiología. También fue fundador de la Liga de Higiene Mental. Tras la Guerra Civil se exiló a Venezuela».

He llegado a este libro gracias a mis azarosas navegaciones mentales por los bosques de Wallapop, donde uno va enlazando hallazgos de tesoros que, a su vez, conducen a pistas de nuevos yacimientos.

Para hacerse una idea del tema del libro, basta intentar traducir la magnífica cita de Musset con la que se abre:

«hay un momento en la vida

en el que lo genial y lo demente se miran frente a frente; 

pelean cuerpo a cuerpo sobre un monte resbaloso, 

y de los dos que subieron, sólo uno desciende». 

La profunda verdad que esta cita esconde para la historia de la cultura se refleja, parcialmente, en la nómina de autores estudiados por Sacristán: Baudelaire, Dostoiewsky, Van Gogh, Nietzsche, Poe… (Claro que junto a estos figuran otros, como Goethe, de los cuales no comprendo de momento su inclusión en la nómina psicopatológica).

El profundo interés que la lectura de este librito (se lo zampa uno en hora y media de sentada) suscita se debe a que las preguntas básicas revitalizadas por el romanticismo siguen vigentes: ¿es la locura una forma de alumbrar nuevas formas de creación artística? ¿Merece la pena el sufrimiento de artistas como Van Gogh, Wilde o Baudelaire, en relación a su aportación a la historia cultural y la mejora de vida de sus sucesores? Desde los tiempos del culto a Dionisos la locura -o al menos su versión light, el arrebato- se han considerado móviles esenciales e imprescindibles para lo artístico. No digamos nada del flamenco, o el jondo: sin duende, no hay nada.

Lo que el libro de Sacristán nos recuerda es que si hace muchos cientos de años se admitía la locura dionisiaca sin más como fuente de inspiración creativa, hoy parece que haya que enmarcarla en un contexto controlado, científico, tranquilizador. Pero aquí vale la cita fundamental: «No estamos lokos, que sabemos lo ke queremos» (Ketama). Fuera de bromas, si encontráis el librito de Sacristán en algún puesto de viejo de vuestra ciudad o mercado digital favorito, haceos con él. Es una joya.

 

 

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