Una de las consecuencias más visibles y sonoras de la Pandemia ha sido el ascenso de Los Niñatos al poder. Las terrazas de hostelería que en 2019 estaban pobladas por cuarentones burgueses degustadores de vinos y conversadores de política han sido colonizadas por hordas de Niñatos que beben cubos de botellines y hablan de influencers, instagram y, bueno, de sus cosas, sus líos, sus relaciones. Es normal. La Pandemia acaba así por ejercer su función primitiva: la selección natural.

Los Niñatos tienen alrededor de 20 años; sus padres 50 o 55; sus abuelos quizás 90. En todo caso, los padres hacen de filtro protector. La Pandemia es letal en proporción directa a la edad; aproximadamente un 80 por cien de las víctimas mortales son mayores de 75 años, y menos de un 1% tenían de 30 años para abajo. Es como la gripe: cuando eres joven son dos o tres días de tos y fiebre, sin más, pero si tienes 80 tacos te puedes quedar con ella. Por eso, precisamente, se vacuna contra la gripe a los mayores de 65 desde hace mucho. Creo haber leído que el virus de la gripe común, en sus diversas mutaciones, y el SARS-Cov-2 tienen diferencias genéticas mínimas, al igual que sus síntomas y complicaciones.

Así que, ¿por qué deberían los Niñatos detener sus vidas -es decir, sus botellones, sus ligues, sus cachondeos- por una gripe rara? Algunos de ellos y ellas, sobre todo si han vivido en el ámbito familiar tragedias Covid, pueden estar más sensibilizados, pero en general perciben que todas las milongas mediáticas sobre distanciamiento, mascarillas, precauciones, toque de queda y demás son algo parecido a lo que otras generaciones anteriores pensábamos cuando te decían que si tenías relaciones sexuales antes del matrimonio irías al infierno. Algo tan improbable, lejano y ridículo que daba risa. ¿Por qué tendrían los Niñatos que renunciar a sus copas, a sus fiestas clandestinas, a sus vidas? Piénsalo: si tú fueras Niñato, ¿lo harías?

Los jóvenes idealistas de mayo del 68 buscaban el paraíso debajo de los adoquines; los Niñatos lo encuentran sobre las mesas de los bares y terrazas gozosamente conquistadas, y por ende las calles. Charlan y ríen, estrepitosamente, mientras sus padres y abuelos miran por los visillos, con cierta envidia, y también con relativo orgullo. La Policía Municipal no está para reprimir las leyes eternas de la naturaleza, y además hay elecciones a la vuelta de la esquina. Mejor dejémosles disfrutar, ya que de paso aminoran el impacto económico de la Pandemia, consumiendo. Eso sí, los Emperadores Niñatos lo van a tener muy, pero que muy jodido, a la hora de financiar sus botellines en las próximas décadas, por no hablar de sus pensiones. Pero ¿qué más da? Cuando eres Niñato o Niñata nada importa, y está bien así: es ley de vida, y es correcta.

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