El terreno de juego ha cambiado. Ya no se dirimen las cuestiones tranquilamente en salones de club, tertulias de tele o páginas editoriales de respetables periódicos. Ahora se mueven las opiniones -y los votos- en salones digitales efímeros, en fugaces timelines de twitter o instagram, y sobre todo en opacas sesiones de grupos whatsapp en los que muchos participan sin darse cuenta.

Nadie discute que el populismo es, hoy, el mayor peligro del universo. ¿Cómo contrarrestarlo? Jugando en su terreno.

A las proclamas incendiaras de la ultraderecha, a sus apelaciones a la tripa racista y supremacista, hay que responder igual que a las propagandísticas proclamas de la ultraizquierda que recauda votos -todavía- utilizando el argumento de una lucha de clases que nadie se cree ya, pero que aún funciona como resorte emocional a la hora de votar.

Hace falta un Populismo de Centro. ¿Un Partido de Centro Patriótico? Quizás. En todo caso, no se puede dejar que los populismos -con minúsculas- actuales, de izquierda -Podemos- o derecha -Vox- monopolicen el sentimiento político. Y subrayo sentimiento porque la batalla electoral y mediática (que viene a ser lo mismo) actual no se juega en términos de argumentación y razones, sino de impulsos primarios. Pero hay que ganar, también en ese territorio.

A favor del Populismo de Centro hay mucho: para empezar, la verdad objetiva de que el dinero no crece en los árboles, y de que cualquier partido que prometa la prosperidad en contra de esta premisa está timando al personal. El dinero crece gracias al esfuerzo individual, a la motivación personal de cada uno de nosotros -incluso a nuestros más primarios resortes egoístas (quizás greed is not good, but ambition certainly is). 

Contra el populismo de izquierda -cuyo sueño es un país de zombis dependientes del salario público, ciudadanos castrados de cualquier otra ambición diferente al ascenso en el escalafón público, controlado por ellos-, y de derecha, que pretende hacernos creer que todos nuestros males provienen de amenazas étnicas o interestelares de dudosa filiación: hace falta un Populismo de Centro: motivar emocionalmente a la gran mayoría de los ciudadanos de este y de cualquier otro país, que realmente quieren lo mejor para sí mismos y para los demás, sin muchas complicaciones, sin mucho jaleo. No es fácil, no. Pero hace falta encontrar la forma de movilizar al Centro. Con mayúsculas, sí, y si hace falta con emoticonos.

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