A la hora de prevenir nuevos contagios de COVID-19, todas las medidas inciden en comportamientos de ámbito público: aforo de espacios, distancia interpersonal, mascarillas, tabaco… Es lógico, ya que las autoridades no tienen (aún) jurisdicción sobre los comportamientos en domicilios personales. La aplicación de las medidas de ámbito público se ve favorecida por la propia dinámica social de «policías y ladrones», en la que siempre hay una parte de la ciudadanía que adopta voluntariamente el primero de los roles, para reprender o denunciar a los del segundo. Desgraciadamente, esto genera polarización y enfrentamientos, pero ayuda a que las normas en efecto se cumplan.

Sin embargo, en el caso de los contagios víricos de carácter respiratorio hay conductas y actos de vida estrictamente privada que pueden favorecerlo intensamente. Un simple beso mejilla con mejilla es uno de ellos. Un fuerte abrazo es otro. Es difícil que familiares y amigos que han pasado semanas sin verse, en un país tan efusivo como España, renuncien a besarse y abrazarse, pero sería muy conveniente en estos momentos. No en vano actos sociales como bodas y funerales -donde es prácticamente obligado el beso y el abrazo- figuran entre los primeros generadores de focos y rebrote. De nada sirve el cumplimiento estricto de las medidas de ámbito público si en una reunión privada todos se besan y abrazan. En un momento así pueden producirse fácilmente 20, 30 o 50 contagios.

El «niño, da besos», tan frecuente en las familias españolas a la hora de que los más pequeños -perfectos portadores asintomáticos- saluden a sus familiares debería quedar en suspenso el tiempo necesario. Los abrazos de esperados reencuentros, también. Es duro, desde luego, y quizás más difícil y doloroso que llevar mascarilla a 40 grados.

Es poco probable que las administraciones públicas hagan campaña contra besos y abrazos. Podría tener coste político. Sí se ha visto alguna campaña publicitaria de marcas privadas de hostelería en este sentido, a las cuales hay que felicitar. Por si acaso, desde este blog personal y privado llamo públicamente al sacrificio del beso y el abrazo durante algunas semanas, el tiempo necesario para que la ciencia consiga desarmar al coronavirus. Tiempo habrá después para largos besos y abrazos interminables.

 

 

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