Después de dos meses de confinamiento radical -probablemente inducido por la necesidad política de compensar el negacionismo inicial-, el presidente del gobierno comparece para anunciar un levantamiento parcial de las sanciones de movilidad.

A partir del 2 de mayo, las parejas que lleven estas tristes semanas compartiendo tristezas en su apartamento, podrán airearlas juntas en la calle. También será legal el paseo individual por razones sanitarias. No hay que olvidar que la Organización Mundial de la Salud recomienda universalmente un mínimo de 10.000 pasos diarios para mantener una salud cardiovascular aceptable, tal y como nos recuerdan cada día las simpáticas «apps» de salud de nuestros dispositivos móviles, que quizás estén conectadas con el seguimiento «big data» de aseguradoras universales para incrementarnos la prima si no las cumplimos. En España hay 14 millones de hipertensos -entre los que me incluyo. Lo primero que nos dicen tras el diagnóstico es que nuestra esperanza de vida está directamente ligada al ejercicio constante de una actividad física equivalente a esos 10.000 pasos diarios, a buen ritmo. Aún no he visto -y no lo veré, creo- un mensaje dedicado o una normativa especial del Ministerio de Sanidad para este colectivo en tiempos de Covid-19.

Pero bueno. Los hipertensos somos solo 14 millones de españoles, y además no tenemos un sindicato, una asociación, nada que pueda inquietar a los poderes públicos, un gabinete de comunicación, un despacho de abogados, nada… Quizás sea para pensárselo de ahora en adelante, pero no lo tenemos, hoy por hoy.

Anyway, lo que me interesa es subrayar que hay muchos otros colectivos a los que se ha ignorado de manera tan impertinente como a este. Y todo acaba remitiendo a lo mismo: la prevención del contagio no depende de obedecer o no órdenes del gobierno, sino de observar ciertas prácticas de conducta social: distancias, contactos, cosas así.

Si desde el primer momento el gobierno de España se hubiera comportado en esta clave, el daño social, económico y sanitario general hubiera sido mucho menor.

Mañana veremos niños en los parques, y el 2 de mayo familias paseando juntas. Se encontrarán y hablarán, y mantendrán distancias. Nadie quiere contagiarse. Nadie quiere ser portador asintomático de un virus que pueda matar a sus familiares mayores. No necesitamos un gobierno policial para gestionar esto.

No entiendo por qué una librería, una zapatería o muchos otros negocios similares no pueden abrir ya el 2 de mayo, o antes, con las mismas precauciones que vemos hoy en supermercados o panaderías. Si pudieran, el futuro de muchas familias podría ser más fácil.

 

 

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