Mis padres tenían un seiscientos.

M-616233, se llamaba.

Era redondo, blanquito, peludo,

suave. Muy simple: un motor

de dos cilindros en el culo

y un depósito de agua en el capó.

Para las maletas, una baca

(que nunca supe por qué se llamaba así

en el techo). Las maletas se ataban

con pulpos. Este coche fue parte

de la familia y la vida. Dormía al relente,

claro, pero

si hubiéramos tenido una casa más grande

seguramente le hubiéramos hecho hueco

en el salón, para que durmiera

cerca de nosotros, con un platito de aceite

en la puerta de su caseta, y su matrícula

grabada en el dintel: M-616233.

Sucedió una noche

que nos robaron el seiscientos.

Fuimos a buscarlo a su rincón de acera,

y no estaba. Toda vez que no podía ser

que hubiera decidido marcharse por cuenta propia, dedujimos

que nos lo habían robado. Así que dimos parte

a la policía.

Eficaz, lo encontraron, al poco, en un poblado

medio yonqui medio gitano medio tartalero.

Nos lo trajeron en la grúa del seguro, y el pobre

venía pálido, madre mía, las cosas

que debía haber visto.

A los pocos días recuperó el habla.

Pero pocos después le volvieron a robar.

Eso a pesar de que habíamos reforzado

sus medidas de seguridad con un candado extra.

Otra vez a los dos días, la eficiente policía

nos lo trajo de regreso, aunque esta vez

nos regañaron un poco, como si no nos ocupáramos

suficientemente del cuidado de nuestro seiscientos.

Entonces mi padre dijo: «¡Ya está bien!»

Abrió el capó del seiscientos y extrajo

la tapa de bujías, algo sin lo cual el coche

no puede funcionar, es como si a una persona

le quitan los pulmones, o el hígado, no sé.

«¡A ver si ahora se lo llevan!», dijo, desafiando

al mundo entero, la noche, el universo delictivo.

Bueno, pues, ¿sabéis? Se lo llevaron.

Lo volvieron a robar. Nadie, ni los comisarios,

ni los mecánicos del seguro, ni los amigos

de mi padre comprendían cómo fue posible

hacerle un puente a un coche sin tapa de bujías.

Es imposible la conexión sin esa pieza.

Esa fue mi primera relación con el alma.

 

 

 

 

 

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