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Todos aquéllos que sean usuarios de MyTaxi app estarán de acuerdo: lo mejor no es la comodidad de pedir taxi desde el móvil (de hecho tarda más en llegar que levantando la mano en cualquier esquina); tampoco el hecho de que se puedan justificar recibos como costes profesionales (es trabajoso abrir cuenta de empresa en el sistema).

Lo mejor de MyTaxi app es que uno puntúa al taxista tras cada trayecto. Mejor dicho: el efecto que este examen permanente en cada trayecto tiene sobre el servicio. Todos los taxistas de MyTaxi son excelentes. Saben que cada servicio es un juicio.

Antes, subirse a un taxi era un poco lotería. A veces se tenían experiencias fantásticas, inenarrables, en un sentido o en otro. Había taxistas maravillosos, bohemios, ultrasónicos, fascinantes, tan densos como el barman de «Irma la Dulce». Pero también había conductores tenebrosos, chulos, sacaperras, detestables, fachas, impresentables. En la era pre-app del siglo XXI -es decir, hace dos o tres años (lo de las eras se ha reducido bastante últimamente)- todas las experiencias eran posibles.

En la era MyTaxi ya no cabe, quizás, esperar sorpresas literarias sobresalientes en taxis cogidos al azar. Pero también desaparece la posibilidad del siniestro.

Miento: la sorpresa positiva sigue siendo posible; no tiene por qué estar unida a la otra.

 

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A lo que voy: el hecho de puntuar un servicio, online e inmediatamente, ejerce un efecto muy muy muy positivo no sólo sobre el servicio preciso en sí mismo, sino sobre todo el sector. Antes había «libros de reclamaciones», ventanillas imposibles a las que acudir únicamente para dejar constancia de una afrenta, una pérdida, un insulto. Esas reclamaciones analógicas se archivaban en el disco duro del báter más próximo y ahí acababa la cosa.

Ahora no. Ahora la clasificación de un servicio se hace pública, notoria y global de manera instantánea tras la recepción del mismo.

¿Os imagináis la extensión universal de este sistema de rating a todo lo que se mueve? Una app en la que uno pueda puntuar la atención recibida por funcionarios de hacienda, médicos de sociedad públicas o privadas, conductores de autobuses, camareros, guías turísticos, presidentes de gobierno…

Cualquier servicio es puntuable. Una app así -Rateit podría llamarse- necesitaría un sólido sistema de clasificación de las áreas de servicio posible en cualquier aspecto de la vida económica, social, profesional, educativa, administrativa… Podría suponer el fin a medio plazo de los profesores de universidad nefastos, por ejemplo.

Podría suponer, sencillamente, el fin de la impunidad de los servicios mal prestados. Y por supuesto, el reconocimiento y premio de los buenos.

¿La hacemos? ¿O hay alguna ya hecha?

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