Sousa

Tras el cobarde atentado en la playa de Sousa, en Túnez, creo que se echan muy en falta reacciones de solidaridad y ayuda desde múltiples brazos del sector turístico.

El Turismo, con mayúscula, es una de las articulaciones claves de la civilización a partir del siglo XIX. Con todas sus limitaciones, favorece el intercambio cultural, el trasvase económico, y el crecimiento equilibrado en zonas del mundo que hoy no tienen mucho más que ofrecer que historia, monumentos y buenos resorts.

Por eso, tras la masacre de Sousa -como ya debió hacerse tras la de El Bardo a principios de año- es muy muy lamentable la falta de reacción solidaria de la comunidad turistica internacional en apoyo a Túnez -o a Egipto, o a otros países donde los terroristas están golpeando allí donde saben que más duele, en la columna vertebral de su economía.

Entre las posibles acciones / mensaje cabrían las siguientes:

* Presencia del Director General de la Organización Mundial del Turismo (no olvidemos que depende de Naciones Unidas) en la playa de Sousa al día siguiente de los atentados, anunciando una línea de crédito extraordinaria para refuerzo de medidas de seguridad, o simplemente estando ahí. Lo hizo el Presidente de Airbus tras el accidente del A400M en Sevilla. Es impensable que en caso de catástrofe nacional el Presidente del Gobierno respectivo o al menos el ministro del ramo se personen en el lugar de los hechos cuando menos para eso, para lanzar un mensaje de proximidad y solidaridad.

* Acciones solidarias de líneas áereas y cadenas hoteleras globales destinando un porcentaje de su recaudación de los próximos meses al sector turístico tunecino. A igualdad de prestaciones, la práctica totalidad de los clientes optarían por un servicio que incluyera esta prestación solidaria. Es hasta una oportunidad de comunicación perdida -aunque no es éste el propósito de estas líneas.

* Movimientos ciudadanos en redes sociales parecidos a «Jes suis Charlie»; #yosoytunecino. En la crónica del atentado que puede leerse hoy en El País se describe como un empleado de uno de los resorts atacados puso su cuerpo como escudo de brazos en cruz para proteger a un grupo de turistas de los disparos, y consiguió salvarles así la vida. Este gesto, ¿no merece nada? Aquí tienes la crónica en cuestión, de Francisco Peregil.

Si la reacción colectiva en Europa y Occidente a los atentados en Túnez es simplemente buscar otro lugar para pasar las vacaciones -ay, y en eso también hay muchos intereses-, hemos perdido la guerra. Para ganarla hace falta lanzar un mensaje contundente a la inmensa mayoría de tunecinos y tunecinas que viven del turismo y sus derivados, y que son capaces de jugarse la vida por defendernos en caso necesario.

 

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