Ven, calor. Quémame,
árdeme, incinérame, bórrame
del mapa. Mientras otros
se dan crema y buscan sombrillas,
abanicándose, bufando idiotas
«qué calor!», yo me abro
de brazos, piernas y espíritu
a tus rayos excesivos, sin miedo
al cáncer de piel, ni al tabardillo.
Es que sé
que la vida es fuego,
y tus rayos fuego son.

 

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