En ocasiones, veo almas. Hoy mismo,

sin ir más lejos, he visto

el alma de un perro. Era redonda, brillante,

alegre, azulada, graciosa, buena.

Luego he visto el alma de una casa

en la calle Martín de los Heros, una casa

de ladrillo rojo y balcones de reja negra, y su alma

era compacta, pesada, vieja, pero buena,

también, algo más triste, pero muy poderosa.

Luego me crucé con dos mujeres asiáticas, y tenían

el alma muy ajustada a sus cuerpos, como mallas,

igual que su peinado, apretadas, tensas.

Los días que veo almas me da miedo mirarme al espejo.

Almas-960

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