Superheroes

Uno quiso ser escritor, y entre los muchos manuscritos que apenas avanzaron diez o doce páginas tiene uno titulado «Mientras tanto, en mi otra vida». Supongo que aún estará por ahí, si no ha sido sacrificado en uno de mis días de furia limpiadora para evitar la pesadilla recurrente de que no me da tiempo a hacer la mudanza.

Está escrito hace diez o doce años, y trata el tema tópico de la literatura de la fantasía sobre una vida alternativa, obviamente mejor. Su forma es la de un diario en el que se van alternando las secuencias cotidianas en una y otra de las vidas del protagonista, en primera persona.

El tema de la doble vida, como digo, es uno de los más tratados en Literatura. El Quijote, sin ir más lejos; Dr. Jeckill y Mr. Hyde; prácticamente toda la literatura popular de superhéroes (Spyder, etc…); Cenicienta, y el 95% de la literatura popular para mujeres (esos libritos de serie B que describen amores imposibles y seriales abracadabrantes)… y el 95% de la literatura para hombres con sus tramas de aventuras y mundos paralelos, también.

Casi podría decirse que la Literatura en sí misma es «otra vida». Cuando leemos nos teletransportamos a otro mundo, vivimos otros sentimientos y nos sumergimos en experiencias fantásticas capaces de aislarnos bastante de «la vida», la real, la que transcurre segundo a segundo en el único lugar donde en cada momento estamos.

La diferencia entre mi proyecto literario y el género habitual, con perdón, era que la mayor parte de las historias basadas en la doble vida respetan el transcurso cronológico lineal: Cenicienta es Princesa por una noche y luego gracias al zapato de cristal pasa a serlo de por vida; el Dr. Jeckill es algunas noches Mr. Hyde, y luego se despierta con un resacón de caballo, pero el tiempo en estos casos es el mismo, uno y lineal.

En mi inacabada novela, el protagonista tenía dos vidas estrictamente simultáneas. De ahí la forma de diario, y de ahí el título, claro.

Muchos años después de guardar en un cajón el manuscrito (hoy se diría «fichero») con las primeras páginas, aquélla vuelve hoy a rondarme porque he descubierto que hay una puerta por la que se puede pasar a vivir otra vida simultánea. Y no es un descubrimiento genial, ni mucho menos. Miles de millones de personas en el mundo la utilizan cada día, la llevan en el transporte público, en el bolsillo, a mano por si en cualquier momento hay que cruzar el umbral.

Antes del esmarfon, la puerta a la otra vida era grandota y estática, pero ahora es chiquitita y manejable, y podemos llevarla con nosotros a todas partes.

La humanidad vive una doble vida. Nuestros días transcurren cruzando de un lado a otro del espacio a través de esa pequeña puerta rectangular y brillante, que a veces se queda sin batería y es como si nos quedáramos sin aire.

Son vidas simultáneas, sin ninguna duda. Cada una con sus historias, sus casas, sus relaciones, sus más y sus menos, sus trabajos y sus andanzas. Pasamos de una a otra como Alicia a través del espejo (¿era Alicia, verdad, la que utilizaba este medio de transporte?). En ocasiones la otra vida se hace real, también, y sus personajes irrumpen en el día o la noche apoderándose de todo, y son bienvenidos. Entonces la vida real pasa a ser la otra vida, y se la ve allá a lo lejos, como un pequeño país desde un avión, o como un belén de navidad en el centro comercial.

Tiempo

Si hay algo cierto en el mundo, quizás lo único, es el tiempo. Un día sucede a otro, y un instante pasado nunca volverá. El futuro es un territorio maravilloso y desconocido, un río que nos va cayendo encima pero del que solo vemos unos pocos metros.

El tiempo es el verdadero rey del universo. Quizás algún día se inventen cacharritos para transformarlo y jugar con él como hoy hacemos con la distancia, que no es nada ya para las comunicaciones, los aviones y la tele. Es bastante posible que en el siglo XXII la mayor parte de los «inventos» tengan que ver con usos novedosos del tiempo y sus circunstancias.

Pero hoy por hoy no hay quien le someta. Los tacs suceden a los tics con total y rigurosa precisión, los oigamos o no.

Mientras tanto, en mi otra vida, mi mujer me recibe con un beso en los labios y en la casa huele a asado.

 

 

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