Nunca he escrito un poema
dedo a dedo, en el teclado
del aypad. Mi primer instrumento
fue el boli bic, que practiqué miles de años.
La velocidad de la escritura
es importante en poesía.
El poema caligráfico tiene algo musical,
es como tocar el violín o la guitarra,
incluso uno se siente algo músico y un poco
pintor
cuando escribe versos a mano, un poco
artesano, carpintero, escultor, artista,
creando una cosa única, manuscrita, irrepetible.
Después, aprendí mecanografía.
Algo sorprendentemente práctico. También
tenía eso algo de virtuosismo
musical, una vez más, pues teclear
a velocidades de Vivaldi, Chopin o Rachmaninof, era
cojonudo. La letra pasó a ser anónima,
tipográfica, impersonal, un carácter como cualquier otro
impreso en tinta en un folio galgo, sí, pero…
qué fabulosa velocidad! qué vértigo escribir
cada vez más cerca del rápido relámpago neuronal,
qué sensación de volar sobre las propias ideas,
alando con las manos, volando con los dedos, tecleando
qwerty asdfg lkjhg método caballero de mecanografía al tacto!
El siguiente cambio
no tuvo que ver con mis manos,
sino con el soporte de impresión. La pantalla
sustituyó al papel. Se perdió así
el último vestigio de individualidad
en la producción de ideas: ni caligrafía, ni papel: sombras
de bits en una pantalla, trazos mágicamente
transformables en fuentes diversas, y tamaños.
La era digital me trajo todavía más velocidad.
Los teclados, al no tener ya que percutir
sobre la cinta de tinta y el papel, era aún más veloces.
Dios, qué cerca estábamos entonces de escribir
al ritmo mismo del pensamiento, eléctrico, inmediato,
digital, como si las yemas de los dedos fueran
conexiones neuronales con el universo virtual.
Entonces
llegaron los aypad, los esmarfons, los tablets.
Y aquí estoy, ahora, escribiendo
versos dedo a dedo, letra a letra, lentamente,
más despacio que nunca, y sin embargo
feliz de sentir todavía en mi sistema nervioso
esa vieja pulsación que desde el cerebro busca
conectar como sea, manifestarse, decir
palabras, escribir, crear, creer, vivir.

One Response to Historia de la Escritura

  1. […] Publicado anteriormente en el blog Literatura y Comunicación. […]

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