Madrid puta zorra guarra bruja mi amor

tus árboles milenarios de breves días

tus setos atracadores y el olor del boj

ay el olor del boj

por favor que alguien invente cómo transmitir en verso el olor del boj

ese pequeño seto

de hojitas como moneditas de céntimo de euro pero alargadas y verdes

madrid de cielos inmensos, de nubes naranjas

de inviernos atronadores de belleza helada y tan fría

y tabernas y vinos y el tedio y los atascos, los putos atascos,

madrid, joder, eso sí que no te lo perdono, los atascos,

joder,

madrid, ¡lo que serías sin atascos! Pero atención, no por la eficiencia

productiva mejorada, sino porque cabreas a tus gentes enlatándolas

en atascos absurdos, madrid, mi vida, mi ciudad, mi querida

pequeña patria íntima,

sin nada que reivindicar, sin bandera,

sin nada más que el cielo y los árboles por patrimonio,

y muchos taxis, miles de taxis, que en cualquier momento se paran

y te llevan a casa, y miles de bares, millones de bares

que en cualquier momento te dan una caña y son como pequeños museos

de la nada y el momento imprevisible de la puta casualidad que he entrado aquí mismo, madrid,

mi ciudad, aquí moriré, lo sabes, ¿verdad?, no sé cuándo, pero aquí,

en un hospital atestado, y quizás hubiera podido vivir

un par de años más

si la ambulancia no se hubiera encontrado el atasco, pero

bueno, ¿quién quiere vivir eternamente? ¡Yo! ¡En Madrid!

 

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