Al final, es así, todos somos náufragos.

Terminamos por escribir unas líneas desesperadas

y lanzarlas al mar en una botella.

Da igual que estemos solos o que nos creamos

acompañados. Estamos solos.

Da igual que haya redes sociales o que saltemos

sin red. Estamos solos.

Todas las palabras verdaderas, al final, son mensajes

en una botella. Da igual que sea la humanidad quien las envíe

en una sonda espacial hacia el infinito

y más allá. Quizás un corazón

escrito en corteza de árbol o tatuado en la lengua. Da igual,

todo mensaje es un fuego artificial, toda palabra igual,

toda expresión una locura, toda cosa lo mismo. Pero

lo que marca la diferencia

es

que tú

ahora

estás leyendo el mensaje.

 

 

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