Te echaré de menos. Acera

estrecha de pocas mesas plateadas,

mi terraza, mi rincón, ese sitio

donde voy a estar a solas con un vino y a escuchar

canciones emocionantes en el esmarfón.

Echaré de menos el sonido y el runrún de los motores

en la alta noche, madrugada honda, el único momento

en el que cualquier reloj se lo piensa dos veces

antes de dar la hora. El perfume amarillento

de los libros en la biblioteca y los óleos venerables

también lo echaré de menos, pero más que nada

el sudor de Sonia cuando bailaba como loca

en un guateque que no sé si nunca tuvo lugar, ni dónde,

pero sé que Sonia bailaba como loca, y recuerdo

su olor, y sé

que lo echaré de menos, mucho, muchísimo, más que nada.

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