Latanya

Todo incluído significa que casi todo es malo. Un establecimiento que ofrece barra libre de consumos y servicios tiende a reducir costes al máximo posible, tanto en género como en personal. El empresario del «todo incluído» sabe que su margen no depende de la excelencia en las prestaciones, sino de la reducción de costes.

El personal se desmotiva por completo, pues los clientes van por el hotel con su pulserita y al no realizar transacciones de pago en bares o servicios no llevan dinero para propinas. Así que poco salario y cero propinas. Naturalmente, sólo aceptan estas condiciones los profesionales menos solicitados: no hablan idiomas, generalmente.

El minibar, vacío. Bueno, con dos botellas de agua. Está todo incluído, así que no hay nada en el minibar. Estupendo.

Todo incluído, sí, pero dentro de los horarios especificados. No busques comida después de las 16h., ni desayunar después de las 10h. Está todo incluído, pero si te sales de los horarios no hay nada disponible. 

Además, los resorts con animación pueden ser un infierno. A las horas más intempestivas comienza la clase o competición de lo que sea, y siempre con música machacona no, lo siguiente tampoco, lo de mucho más allá. Cuánto daño, dios, ha hecho a la humanidad el inventor de la percusión electrónica. 500 personas en sus habitaciones, el recinto de la piscina e incluso la aldea vecina se ven impedidas de descansar para que siete huéspedes aprendan los pasos básicos del chachachá, que olvidarán mañana.

Nunca más a un resort de todo incluído. Quiero pagar por todas y cada una de las cosas que consuma o haga. Sólo así me garantizo una calidad y un servicio correctos.

Por cierto, el establecimiento que ha causado estas líneas es el Latanya Beach Resort, en Bodrum. No vayais. Además es carísimo. Yo piqué porque las fotos con gran angular engañan (ay, yo debería saber eso!) y porque el propio precio alto me hizo pensar que sería memorable… Una última anécdota: te hacen pagar la estancia completa en el momento del check-in. Sólo eso ya da qué pensar…

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