Un grupo musical ameniza la noche en la terraza de un bar. A nuestro alrededor decenas de haces de luz se cruzan en el cielo. Está de moda en Bodrum proyectar hacia el cielo columnas móviles de luz y rayos laser. Recuerdo la greguería: «Los grandes reflectores buscan a Dios». Y pienso que esta Bodrum fue antes Halicarnaso, ciudad jónica donde nació Heródoto; vecina de Mileto, la de Tales y Anaximandro; y de otras donde nacieron y vivieron Heráclito, Homero y tantos otros, padres de la filosofía y la poesía. Hace 2500 años levantaban sus miradas al cielo preguntándose por primera vez de forma libre e individual quiénes somos, de dónde venimos y quién ha puesto ahí esas estrellas, ahora barridas por los reflectores pretenciosos y desordenados de las discotecas más chic.

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