Para alguien que ha trabajado más de 20 años en redacciones de informativos de televisión, públicas y privadas, ver las noticias en Agosto es llorar.

Uno de los efectos colaterales de la crisis es la escasez de personal; y de ahí la necesidad de rellenar el mismo espacio de tiempo con menos gente y recursos; y de ahí el resultado: pieza tras pieza de frivolidades, saturadas de «totales» absolutamente prescindibles, supuestamente literarias, creativas, y en realidad insoportables.

A la tragedia económica, circunstancial y reciente, se une el triunfo de la tendencia «infotainment», corriente filosófica según la cual la información tiene que ser divertida, ya que si es menos divertida que la de la cadena de la competencia, chungo. No tiene que ser veraz, constructiva, reveladora, no: la información es un género audiovisual como cualquier otro, y cuanto más divertido, sorprendente, original y «rompedor» posible, mejor -sostienen los infotainment-gurus.

Combinando el párrafo 2 con el 3, el resultado es un equipo de profesionales desmotivados y atemorizados por la crisis, empujados por sus cadenas a hacer siempre más audiencia que el rival, a cualquier precio: colorín, gente, alegría, tragedia, lo que sea, da igual.

Y el resultado último, el aburrimiento infinito de un televidente que no quiere oír ninguna opinión más de gente que pasaba por ahí, por donde fuera, que no tiene nada que decir, que sólo se presta por pura amabilidad a decir lo que la reportera o el reportero le piden o casi suplican que diga.

No más piezas creativas, no más totales insulsos, please. Contadnos noticias, ¿ok? Gracias

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