Como es bien sabido, el islam prohíbe el alcohol. Y como es visible en las calles de Izmir o Kusadasi, aquí se bebe tranquilamente. Cerveza, sobre todo, aunque tampoco es difícil encontrar licores de todo tipo. Nadie recrimina a nadie por beber, pero se ven muy pocos borrachos, o ninguno. Los cientos de personas que disfrutan la noche del mar Egeo pasean, toman helados, naranjadas.

zumo de naranjaLectura en KusadasiHeladosVen cine al aire libre, aplauden en un concierto o -si tienen esa suerte- buscan una piedra íntima en el muelle para abrazarse y mirar al horizonte. Nadie grita. Esta misma cantidad de gente en España y en un lugar parecido sería una bulla de botellas por el suelo, vasos rotos, peleas, estruendo, comas etílicos y accidentes varios. En Turquía no está prohibido el alcohol, pero los musulmanes aprenden que no es bueno. En España se promociona el consumo desde la infancia, y si un chaval o chavala no se han emborrachado ya unas cuantas veces a los 14 años, sus amigos -y quizás incluso sus padres, ay- les miran mal. Nuestras fiestas son de exceso, nuestras celebraciones de ríos de alcohol. Me gusta Turquía.

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