El árbol no puede hacer más

que esperar la lluvia. Hunde sus raíces

hacia el fondo

y estira sus ramas

hacia lo alto

con la misma fuerza;

busca a la vez bajo tierra y en el aire

con sus manos leñosas, sus uñas de madera, y sus hojas

tiernas. Pero no puede hacer más que esperar

que llueva.

Puede hacer un trabajo impecable

preparando la sinapsis, el coito milagroso

del mineral oscuro y la luz celestial de donde nacen

las hojas, las flores, y las frutas, pero

no puede hacer más. La lluvia

no depende de él. No puede hacer más

que esperarla, cada día, cada noche, con sus ramas

extendidas en oración al cielo y sus raíces

al infierno. No depende del árbol que llueva o no,

no puede hacer más que esperar.

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