No la electricidad, brillante baile

de partículas negativas y positivas,

ni la energía atómica, destructora y atroz.

No la combustión pestilente de restos

fósiles, salvaje sacrificio masoquista

del planeta tierra a manos de unos pocos

de sus virus más dotados de supuesta inteligencia.

Ni siquiera la rueda, que tantos caminos

abrió; ni la vela, que tantos mares hizo tierra transitable.

Ni las lupas, que nos abrieron mundos invisibles

hasta entonces, o galaxias coloridas más allá de toda distancia

imaginable. No la penicilina sanadora, ni las vacunas

preventivas, ni la brújula, la pólvora, el papel,

y ni siquiera internet, ni siquiera facebook, ni twitter,

ni el iphone, ni las tablets, ni el arroz con bogavante:

el mejor invento de la humanidad es sin duda

la anestesia. Hasta su nombre es bonito.

 

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