camino1Recién vista «Camino», de Javier Fesser (2008), la peli sobre el Opus Dei que es muchísimo más que una peli sobre el Opus Dei. Recién vista (Febrero 2013), digo, porque con muy pocas excepciones me gusta ver los estrenos dos o tres años después de los mismos; en ese tiempo se reposan, adensan, y liberan de la morrallita polémica y ruido mediático con los que las productoras intentan impulsar sus inicios.

Es, sencillamente, magistral. Una película que se ha instalado directamente en mi mini-olimpo de cine español, donde hay muy pocas: «El Sur», de Victor Erice; «Fanny Pelopaja», de Vicente Aranda; «Amantes», de Vicente Aranda; y «El Día de la Bestia», de Alex. Bienvenida, «Camino», a mi mini-olimpo!

Hay una película que inevitablemente resuena al ver «Camino»: «La Semilla del Diablo», de Roman Polansky. Creo, es más, que si Roman viera «Camino» se plantearía seriamente abordar su remake para el mercado global (es decir, americano). Por dos razones: primera, porque «Camino» es una película intensamente española, en la que Fesser no se toma ninguna molestia para hacer comprensibles a las audiencias globales (es decir, americanas) las claves o recovecos de la peli. ¡Afortunadamente!: esto hubiera supuesto siempre una simplificación de lo que es muy muy complejo: no quieras gustar a todos, ni siquiera a muchos: es mejor que te entiendan unos pocos. «Camino» sólo se disfruta plenamente, creo, si eres español@ de más de 40 años.

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La segunda razón que asemeja la peli de Fesser a muchas de Polanski es el tratamiento del sacrificio humano. Desde «La Semilla del Diablo», por supuesto, pero también en «Tess» (esa escena final sobre el altar de Stonehenge…) o «Frenético» (el sacrificio de la desconocida por una causa ajena). «Camino» es un retrato perfecto del mecanismo del sacrificio humano (ojo, no el voluntario, sino el del colectivo que sacrifica a su mejor criatura para aplacar a los dioses salvajes o conseguir beneficios de lluvia).

Una semejanza más para Fesser: Francis Ford Coppola. Los últimos 20 minutos de «Camino», en los que se trenzan de manera absolutamente magistral dos historias -lo que la niña de verdad siente y lo que la tribu religiosa ansiosa de sacrificio cree que ella siente- recuerda también al final de la tercera parte del Padrino. Es incluso mejor.

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«El éxito es siempre un malentendido», dijo Cioran, que sabía lo suyo de Santos, Religiones y Lágrimas. Los últimos 20 minutos de «Camino» son un maravilloso retrato de un malentendido abismal: yo creí que eras santa, y resulta que estabas enamorada de uno que se llama Jesús…

No digo más. Pero ved «Camino», ¿ok?

 

 

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2 Responses to «Camino», una peli como la copa de un pino

  1. juanito dice:

    Alberto, por favor, ¡¡¡¡esos pareados (camino / pino)!!!!

    • alberto dice:

      Oye, y qué? Qué pasa con los pareados? Tienes algo contra las parejas? Se parean, se aparean, riman, son así… no pasa nada, es la vida de los versos, es así, se aparean…

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