Algunos de los romances -entiéndase que me refiero a la forma de versos de ocho sílabas y cuatro líneas- de Góngora son sencillamente escalofriantes; creo que hay una conexión directa entre ellos y el «Romancero Gitano» de Lorca. En mi opinión, Don Luis y Federico son los poetas que con mayor maestría han ejecutado la copla simple, potente y funicularmente gloriosa del romance octosílabo. Es una estrofa sencilla, vecinal, de las que apenas parece que pide pan, pero que por eso mismo revela, cuando despliega en los labios de Góngora o Lorca, toda su potencia rítmitca y metafórica, simplemente la pura verdad de la vida poética.

Aquí copio un ejemplo, de  Góngora, que se remite a las batallas de moros y cristianos, y relata una historia bonita a más no poder: la compasión de un capitán cristiano que libera a un cautivo moro al darse cuenta de lo enamorado que está: «Si eres del amor cautivo, desde aquí puedes volverte, que me pedirán por robo lo que entendí que era suerte» -y la desgracia que ha tenido de caer cautivo justo cuando ella ha comenzado a acceder por fin a sus requiebros. ¡Que maravilla!!!!!! «Anda con Dios, sufre y ama, y vivirás si lo hicieres…» Habla de aquél tiempo en el que moros y cristianos combatián y convivían, y España fue, quizás, un laboratorio de coincidencias entre tantas culturas y lenguas…

Nótese también en la primera estrofa la maestría en la descripción de un campo de batalla: los sueltos caballos que buscan «entre lo rojo» (la sangre) «lo verde» (la yerba).

Entre los sueltos caballos
de los vencidos Zenetes, 
que por el campo buscaban,
entre lo rojo lo verde,
aquel español de Orán
un suelto caballo prende,
por sus relinchos lozano
y por sus cernejas fuerte
para que lo lleve a él
y a un moro cautivo lleve,
que es uno que ha cautivado,
capitán de cien Zenetes.
En el ligero caballo
suben ambos, y él parece
de cuatro espuelas herido, 
que cuatro vientos lo mueven.
Triste camina al alarbe, 
y lo más bajo que puede
ardientes suspiros lanza
y amargas lágrimas vierte.
Admirado el español
de ver cada vez que vuelve
que tan tiernamente llore 
quien tan duramente hiere,
con razones le pregunta,
comedidas y corteses,
de sus suspiros la causa,
si la causa lo consiente.
El cautivo como tal, 
sin excusarlo obedece, 
y a su piadosa demanda
satisface desta suerte:
“Valiente eres capitán,
y cortés como valiente,
por tu espada y por tu trato
me has cautivado dos veces.
“Preguntado me has la causa
de mis suspiros ardientes,
y débote la respuesta
por quien soy y por quien eres
“Yo nací en Gelves el año
que os perdisteis en los Gelves,
de una berberisca noble 
y de un turco mata-siete.
“En Tremecén me crié
con mi madre y mis parientes
después que murió mi padre,
corsario de tres bajeles.
Junto a mi casa vivía
porque más cerca muriese,
una dama del linaje
de los noble Melioneses.
“Extremo de las hermosas,
cuando no de las crueles,
hija al fin de estas arenas
engendradoras de sierpes.
“Era tal su hermosura, 
que se hallarían claveles
más ciertos en sus dos labios
que en los dos floridos meses.
“Cada vez que la miraba
salía el sol por su frente,
de tantos rayos vestido
cuantos cabellos contiene.
“Juntos así nos criamos,
y Amor en nuestras niñeces
hirió nuestros corazones
con arpones diferentes.
“Labró el oro en mis entrañas
dulces lazos, tiernas redes,
mientras el plomo en las suyas
libertades y desdenes.
“Mas, ya la razón sujeta, 
con palabras me requiere
que su crueldad perdone
y de su beldad me acuerde;
“y apenas vide trocada 
la dureza de esta sierpe,
cuando tú me cautivaste:
mira si es bien que lamente.
“Esta, español es la causa 
que a llanto pudo moverme;
mira si es razón que llore
tantos males juntamente”
Conmovido el capitán
de las lágrimas que vierte,
parando el veloz caballo,
que paren sus males quiere.
“Gallardo moro, le dice,
si adoras como refieres,
y si como dices amas,
dichosamente padeces.
“¿Quién pudiera imaginar
viendo tus golpes tan crueles,
que cupiera alma tan tierna
en pecho tan duro y fuerte?.
“Si eres del Amor cautivo,
desde aquí puedes volverte;
que me pedirán por robo
lo que entendí que era suerte.
“Y no quiero por rescate
que tu dama me presente
ni las alfombras más finas
ni las granas más alegres.
“Anda con Dios, sufre y ama,
y vivirás si lo hicieres,
con tal que cuando la veas
pido que de mí te acuerdes,”
Apeóse del caballo,
y el moro tras él desciende,
y por el suelo postrado,
la boca a sus pies ofrece.
“Vivas mil años, le dice,
noble capitán valiente,
que ganas más con librarme
que ganaste con prenderme.
“Alá se quede contigo
y te dé victoria siempre
para que extiendas tu fama
con hechos tan excelentes.”

									
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