El mundo es injusto. No lo soporto

más. Nos oprimen las fuerzas

deprimentes del sistema y sus esbirros

de mil caras y maneras. Me rebelo, me indigno,

acampo

en mitad de mi vida, en medio del mundo,

junto a leales compañeros de lucha, puño en alto, corazón

henchido, decidido, claro que sí, indignado.

Hay chicas guapas en el campamento, especialmente

una de ojos verdes y acento argentino que se llama

Dulce. Espero que la noche dure lo suficiente

como para entablar una conversación relevante

entre ella y yo, el más allá, las estrellas, la fantasía, la vida

que tanto nos indigna, qué puta mierda, nos oprimen

cada día más

los hijos de puta

sí, tantísimos

hijos de puta

anónimos

desconocidos

encorbatados

eficaces

reales

hijos de puta

por eso estamos aquí! Porque no queremos seguir

obedeciendo a los hijos de puta que nos oprimen! Caramba!

Era tan simple, era así de simple! Dejar

de obedecer, ya está, y todo será bueno! ¡Rebelaos!

¡Indiganos!

¡Incendiad

el mundo de poesías hipercursis con bebés bien nutridos,

con coches automáticos, indignaos!

¡Vivid al 100%, sed felices, revolucionad

cada segundo de vuestras vidas, indignaos!

¡Yo mismo me indigno, claro que sí,

la indignación es una marea,

un río,

una corriente de vida, donde quiero estar,

a ver si por casualidad

vuelvo a ver tus ojos

verdes, negros, azules, rojos, indignados!

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