Asisto a la celebración del 20 Aniversario de Dircom en una mañana llena de historia, sabor y emociones, programada por Dircom Castilla y León, que desde que Luisa Alcalde (@lalcaldeg) preside es un hervidero cultural, un auténtico think-tank del conocimiento comunicacional y –también- de la degustación de los mejores productos de la tierra, que es ancha y muy propia.

PatioSanGregorio

Patio interior del Museo San Gregorio

En primer lugar nos llevan al Museo Nacional Colegio de San Gregorio, maravilla de colecciones de escultura e imaginería religiosa: Berruguete, Juan de Juni, Juan de Mena… Sólo este Museo merece un artículo aparte, así que lo único que diré es que voy a sugerir a los amigos de las Noches Culturales de Telefónica que programen una visita nocturna, a la lumbre de linternas o de antorchas, pues seguro que da más miedo –del bueno, del divertido, del gracioso- que el de Ciencias Naturales, con todos sus dinosaurios y gorilas.

Cuando Luisa repasa todo lo que ha hecho Dircom Castilla y León en el último año comprendemos que estamos ante una auténtica “crack” –suena feo, pero es así- del liderazgo y la organización. Se ríe cuando le digo que algún día será Ministra… pero tiempo al tiempo!

Toma la palabra Sebastián Cebrián (@SebasCebrian), Director General de Dircom, y enmarca el acto en el 20 Aniversario de la Asociación, evocando el 1992 en el que 32 fundadores se hubieran sorprendido de reunir hoy a más de 800 socios, y a más de 100 sólo en la sala del Patio Herreriano de Valladolid donde estamos reunidos: segundo (¿o tercer?) flashback histórico de la mañana.

20AniversarioDircom

Sebastián Cebrián, Jaume Giró, Luisa Alcalde y Carmen Martínez

Jaume Giró, Vicepresidente de Dircom, va más lejos. Se remonta nada menos que al bíblico Moisés, cuyo Dircom (de cuyo nombre no sabemos acordarnos) comentó así el milagro de las aguas abiertas en el Mar Rojo: “Lo milagroso no es haber separado las aguas y que después se hayan juntado para aplastar a nuestros perseguidores, sino haber conseguido seis páginas en la Biblia”. Perdón, Jaume, por reventar la anécdota para ocasiones futuras, pero es demasiado buena para no viralizarla. Además, estas páginas las lee muy poquita gente.

Y toma la palabra Carmen Martínez, historiadora y escritora vallisoletana, que viene de realizar una inmersión de lectura y selección en epistolarios particulares de los Siglos de Oro. Tras bucear mucho y hondo en archivos históricos, nos regala un panorama y algunas perlas humanas y literarias de los tiempos en los que el único medio de comunicación entre los españoles de aquí y los de Indias eran cartas manuscritas que viajaban en barcos, sometidos éstos a la incertidumbre e inclemencias de la Mar Océana.

“Este año estoy sin esperanza de ver carta”, es una de las frases que anotamos, imaginándola en boca de un o una españolit@ del mil quinientos y pico, que tras acudir varias veces al puerto de Sevilla y preguntar a todos en la tropa marinera “¿tienes carta para mí?” se vuelve a casa con las manos vacías.

Jaume Giró dijo también que España necesita ahora un relato, un “tale” de sí misma. ¡Qué relato tan magnífico el de quienes se comunicaban aventuras y desventuras de dos o tres años de vida, azares, alegrías y tristezas en un pliego de papel que sus prójimos al otro lado del Atlántico esperaban durante meses y leían en voz alta, varias veces, agarrado el corazón por las buenas o malas nuevas!

Hoy la comunicación, como todos sabemos, es instantánea. Pero de esto tampoco hace tanto. Recuerdo un chascarrillo que le oí también a Ernesto Alterio cuando presentaba el remake de “Marco, de los Apeninos a los Andes”: “Claro” –decía Ernesto- “lo hemos ambientado en los años setenta, porque si actualizamos la historia al día de hoy, Marco coge el móvil, llama a su mamá, le pregunta dónde está, y fin de la historia”. 🙂

Este año, ¿tendré carta? ¡Qué maravilloso vértigo el de esperar noticias, que hambre de lectura nutrió al pueblo español en los siglos en los que sus mejores mentes escribían algunas de las obras maestras de la Literatura universal!

 

One Response to Este año, ¿tendré carta?

  1. […] Desde hace algún tiempo, cada vez que me cruzo en la calle con alguien que sonríe mientras teclea o lee en su móvil, yo también sonrío. Ese alguien es un cuerpo que se dirige a algún lado, claro, pero es sobre todo un alma que está siendo feliz contando o leyendo una historia de alguien que le importa. Tengo escrito en este blog un artículo sobre los tiempos en los que las noticias de Ultramar, de América a España y viceversa, viajaban en carabelas y bergantines. Por emular un poquito a Cortázar y su Rayuela, os invito a leerlo antes de finalizar la lectura de este post. […]

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