Recuerdo perfectamente el momento en que leí en portada de El País (en 2008, creo), un fragmento de la conversación interceptada entre Francisco Correa y uno de sus abogados en la supuesta privacidad de la prisión: «TODO HA SIDO POR EL PUTO PEN DRIVE».

El País destacaba esto en portada, supongo que queriendo remachar el hecho de que la corrupción de Gurtel quedaba más que probada en el propio reconocimiento de estas palabras grabadas indebidamente.Ya entonces me llamó la atención la normalidad con la que se pasaba por encima del hecho de que esta grabación había sido obtenida ilegalmente -el derecho a la confidencialidad y privacidad entre un acusado y su defensor es en efecto uno de los fundamentales del ordenamiento jurídico. También me sorprendió (casi todas las filtraciones judiciales a medios de comunicación, incluídas las del Caso Urdangarían, me siguen resultando un punto desagradables) la naturalidad de El País al publicar el titular del PUTO PEN DRIVE.

¿Puede un juez que está investigando una trama de corrupción con evidentes implicaciones en la batalla política irse de cacería con el Ministro de Justicia del partido al que favorece electoralmente dicha investigación? También me sorprendió esto.

Siempre dije que las escuchas de Gúrtel eran lo más grave de los tres sumarios abiertos contra Baltasar Garzón. El caso de los cursos de Nueva York repugna -sobre todo por la falta de vergüenza de la Universidad de Nueva York al negarse a suministrar datos fiables a la Justicia-, pero como casi todo lo que tiene que ver con dinero acaba resultando casi comprensible, perdonable, humano.

El proceso a favor de las víctimas del franquismo tiene todas mis simpatías, menos una. Me explico: apoyo incondicionalmente la reivindicación de los familiares y descendientes de víctimas de la Guerra Civil -de ambos bandos, naturalmente. ¿Cómo no va a tener derecho una persona a establecer la verdad sobre la suerte de sus parientes? Con el mismo apoyo a los familiares de niños robados, por ejemplo. Y decía todas mis simpatías, menos una, que es por la inevitable sensación de que el proceso contra Franco resultaba demasiado oportuno por dos razones: de nuevo por coincidir con los intereses electorales de un partido que sabía que su opositor remolonea demasiado a la hora de condenar el franquismo, y por una difusa impresión de que podía estar sirviendo además como cortina de humo para proteger al juez en caso de que algún día, como ha ocurrido, su flagrante vulneración del derecho fundamental a la defensa le pasara factura.

Esto es lo que pienso, que no tiene por qué ser, ni mucho menos, la verdad. Para esto están los blogs, para decir lo que se piensa.

Todo mi apoyo, si algo vale, a los descendientes de todas las víctimas; ojalá España algún día pueda permitirles recuperar su memoria sin que esto forme parte de la batalla política o, peor aún, electoral.

 

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