Fieles a su pasión por la tragedia, los griegos –o al menos su gobierno actual- acaban de situar a la Europa que contribuyeron a fundar ante el mayor desafío económico y social de lo que llevamos de siglo XXI.

¿Es legítima la votación de un pueblo que prefiere hundirse a solas antes que aceptar la ayuda de sus vecinos? ¿Puede cancelarse una deuda contraída por un Estado porque su gente así lo decide en referéndum? Parece claro que la primera respuesta es sí, y la segunda no. Traslademos el conflicto a dos ciudades estado de la Grecia Antigua, una de las cuales debe mucho dinero y otra se ofrece a prestarlo siempre y cuando reduzca su tren de vida y asuma que ha terminado una era de vino y rosas para dar paso a otra de vinagre y espinas.

Desde luego, lo que repugna en la decisión de Papandreu es el “cartamanguismo” demostrado. Hacerse el ultrademócrata cuando te has paseado por todos los salones de Europa y el mundo contrayendo compromisos en nombre de tu pueblo, y organizando la agenda de los demás en virtud de ello, es muy muy poco serio y diría que hasta inhabilita a Papandreu para cualquier trámite futuro. Mi pronóstico es que perderá la moción de censura del viernes, y será reemplazado por alguien que cancelará la convocatoria de referéndum. Tras esto, posiblemente las calles de Atenas y otras ciudades vivan nuevas jornadas de barricadas y llamaradas.

Europa no puede permitirse diez semanas de incertidumbre –el referéndum previsto es a mediados de Enero. Quizás sea lo que desean precisamente los tiburones bursátiles: prolongar indefinidamente los dientes de sierra de bajadas y subidas infartantes en los mercados para amasar en este tiempo nuevas fortunas, mientras en los mismos dientes se enganchan cientos de miles de ciudadan@s de a pié.

Qué triste ironía oír a la clase política unánimemente calificar el anuncio de un referéndum como “mala noticia”. Habría que precisarlo: el referéndum en sí no lo es, lo que sí es muy mala noticia es que resulta que estábamos hablando con alguien que no es quien decía que era; que hablaba por su gente sin haberles preguntado antes; que nos aseguró que tenía respaldo cuando no era así. La mala noticia es que Papandreu ha engañado a todo el mundo.

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