Como un pintor de perfumes voy

Recorriendo los jardines y las calles.

Me detengo en los parterres, aspiro

Cada átomo de esencia de arizónica

Recién regada, y lo combino con el humo

De la barbacoa vecina –parranda de playa,

Sardinas, arena, jaleo, ¡qué bueno!

Pero no me paro. Sigo

Buscando la excelencia del aire más allá

De lo facilón: me cruzo con algunas

Mujeres de ojos negros y mejores

Sonrisas, pero no las miro: las aspiro

Un segundo después de pasar junto a mí,

Y así las conozco mejor. El aire es mi lienzo,

El frío mi cincel, y el calor mi óleo.

Mis obras son efímeras, y peor aún, inexplicables.

Sólo tú, quizás, que me lees ahora, entiendes

Que una imagen no, pero un perfume

Sí que vale más que mil de lo que sea. 

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