Con algo de retraso, pues la estancia fue en Julio, pero aquí tenéis un breve resumen de videos y fotos de San Petersburgo.

La ciudad es entretenida; a pesar de sus jóvenes 300 años de antigüedad tiene mucha historia: los Zares se empeñaron desde el Gran Pedro en construír en un pantanal inverosímil una ciudad que no tuviera nada que envidiar a las grandes capitales europeas como París –su mayor modelo- o Viena. Las aventuras y desventuras de los Romanov jalonan la historia de San Petersburgo desde su máximo esplendor hasta la Revolución de 1917, que concluyó con todos los miembros de la familia sumariamente fusilados en Ekaterinburgo.

Pero además de los zares, están los escritores: bastaría para querer visitar San Petersburgo haber leído a Dostoyewsky –es a la ciudad como Kafka a Praga, quizás algo menos- o Pushkin –sin duda el mayor orgullo de los rusos de corazón. Las casas de ambos se visitan, resultando obviamente más espectacular la del aristócrata Pushkin, que expone en unas quince salas contigüas las peripecias del poeta y dramaturgo, muerto en duelo amoroso a los 36 años de edad.

De Dostoyewsky, más que la casa, buscamos el barrio, y en él a los personajes de Crimen y Castigo o el Jugador, que se mueven como fantasmas por sus callejuelas y cruzan los puentes múltiples de sus canales menores.

Y la ciudad presente, en fin, también tiene vida. No es tan intensa y potente como la de Moscú, pero es interesante de ver. Mientras los nuevos ricos se desafían en carreras de motos o porsches por la Avenida Nevsky –desde luego no se recomienda cruzar sin mirar muy lejos-, las mujeres más bellas del mundo transitan las calles exquisitamente arregladas, sexis hasta el piropo, y con un aire de tristeza que las hace aún más arrebatadoras. Muy poca gente habla inglés; el turismo, a pesar de todo lo anterior, no parece ser importante para los sanpeterburgueses. Para un español, ver la espléndida plaza del Ermitage vacía de terrazas elegantes donde poder tomar un café o un vodka resulta incomprensible, por ejemplo.

Y los museos: el Ermitage, desde luego, pero también el Museo Ruso. No dejéis de ver este último si vais. Hay sorpresa tras sorpresa en las salas, con obras magistrales de artistas relativamente deconocidos para el europeo medio. Mientras el Ermitage confirma un prestigio, el Museo Ruso resulta una revelación. Fuerza, color y expresividad en las mejores obras, que son muchas.

En los videos podréis ver una alegre celebración de amigas en despedida de soltera frente a la Catedral del Salvador de la Sangre Derramada; juerga pagana que contrasta con la imponente religiosidad de la mole arquitectónica; una tormenta espectacular desde uno de los kioskos de Avenida Nevsky; un grupo de bailarines ejercitando el twist / rock en el centro; y un breve descenso hacia lo más profundo del metro más profundo del mundo, que es el de San Petersburgo.

Bueno, si queréis algún dato o recomendación específica, me decís en comentario, ¿ok?

¡Y ánimo con el nuevo curso, que no será tan duro!

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