Al hilo de algunos tuits cruzados con @abladias y @gonzalomartin sobre la polémica acerca del «pensamiento positivo», (debate suscitado un artículo por El País en su edición del Domingo 17 de Julio,  es obvio que hacen falta más de 140 caracteres para expresar lo que pienso, así que aquí van. Lo haré en forma de sentencias, género en alza por la necesidad de economizar (la argumentación requiere más espacio, tiempo y recursos) 😉

* El 90% de la literatura de autoayuda es decepcionante, y lo que es peor, inservible.
* El 10% de buenos libros de autoayuda o reflexión sobre las propias capacidades casi compensan al 90% anterior, viniendo a cubrir una necesidad real de explicación y apoyo al individuo sometido a tensiones psicológicas, profesionales, familiares… (Un área más en la que el Estado del Bienestar falla: la atención psicológica)
* Las redes sociales brindan una oportunidad excelente de apoyarnos los unos a los otros, relegando a un papel secundario la necesidad de consumir solitariamente literatura de autoayuda.
* El «pensamiento positivo» es, en efecto, positivo. Enfocar cualquier situación vital no ya desde el optimismo, sino desde el coraje y la seguridad en la propia capacidad para superarla es virtud y no defecto. Ya lo dijo Hemingway: podemos ser destruídos, pero no derrotados. (No es verdad: podemos ser miserablemente derrotados, arrastrados, humillados y lobotomizados, pero qué diablos, sin moral no se va a ninguna parte!)
* Denunciar el «pensamiento positivo» como pseudoideología tiene gracia. Es verdad que llamarle a cualquier cosa pseudocosa es bastante descalificatorio. Ponle un pseudo delante a tu fobia o enemigo más detestado y verás como empequeñece.
* No es cierto que Rodríguez Zapatero sea «positivista». (Por otra parte, deberíamos exigirnos un poco de rigor en el uso de términos, pues el positivismo -forma moderna del empirismo helénico- http://es.wikipedia.org/wiki/Positivismo
es en verdad una postura filosófica muy respetable, que no tiene absolutamente nada que ver con la literatura de autoayuda y el uso frivolón y connotativo del término «positivo»). Zapatero, como digo, no es positivista; vé lo que le conviene ver, que es diferente. Se persuade a sí mismo de que la realidad -positiva o negativa- es lo que a él le conviene que sea. Cuando negó la crisis 3.245 veces antes de que cantara el gallo de las estadísticas no lo hacía por positivismo, sino porque no le convenía que la crisis fuera una realidad. Lo mismo que Aznar cuando veía armas de destrucción masiva en Irak.
* Para terminar, ¿recordáis «Singing in the Rain»? ¿A que es buena?

 

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