Si llega -que ha de llegar- la hora
triste del hambre y noches al raso,
de cívicas miradas desalentadoras,
de lluvia inevitable y soportales,
y llamo a algún antiguo conocido,
no será para pedir dinero, pan,
ni nuevas oportunidades, sino hojas
y tinta para describir el día
final, la caída en el mar
donde laten los verbos, en espera
de voz para vivir, y en su silencio
las calles matizadas de geranios,
la noche y el jardín, tus finos labios.

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