1)      El daño causado a la legítima causa de los derechos de autor es irreparable. Cualquier intento por hacer valor el verdadero derecho de un escritor, músico o cineasta a una retribución justa por su esfuerzo creativo encontrará a partir de ahora dificultades quizás insalvables.

2)      La SGAE merece entrar en los anales y casuísticas de la peor gestión posible de la comunicación externa e interna. Como decía alguien, parecía difícil que un colectivo o una institución lograra superar a los controladores aéreos en aversión popular, pero la SGAE lo ha conseguido. De nuevo, el mayor daño es para los propios artistas. ¿Cómo ha sido posible que una entidad supuestamente representativa de artistas y creativos haya llegado a ser literalmente odiada? Lecciones de gestión de comunicación e imagen a derivar… muchas! (Incluso durante la gestión de su crisis: mutismo, rectificaciones defensivas sobre la marcha…)

 

3)      El Ministerio de Cultura, también, lo ha hecho muy muy mal. Si la ministra de Sanidad (entonces Trinidad Jiménez) sobreactuó durante la supuesta gripe aviar, al menos estuvo desde el primer momento al pie del cañón. Hoy es miércoles 6 –seis días después de la detonación del caso- y la ministra Sinde aún no ha dado la cara ante el público. ¿Y por qué debe darla? En primer lugar para aclarar por qué nunca se han ejercido las atribuciones de control y auditoría sobre la SGAE que la ley reserva al Ministerio -o si no dispone de estas atribuciones, como sostiene el ministro de Justicia, explicarlo claramente cuanto antes. Si es responsable de gestión y es cierto lo que dice el senador del PP Chiquillo Barber –que ha pedido en cinco ocasiones en el Senado las cuentas de la SGAE y cinco veces se las ha negado el Ministerio-, puede que estemos ante un caso de negligente dejación de funciones. Cada día que pasa sin que el Ministerio dé la cara ahonda la percepción general de dicha negligencia.

4)      Se ha producido un divorcio igualmente irreparable entre el colectivo artístico vinculado a la SGAE (Victor Manuel, Alejandro Sanz, Andrés Calamaro…) y la parte más ilustrada y digital del gran público. De la misma forma se agranda la figura de otros como Alex de la Iglesia, capaces de escuchar e interpretar a esta comunidad. Aunque ciertamente los blogueros y tuiteros anticanon, antisgae y antisinde no representen a los cientos de chiquillas que se seguirán agolpando en las primeras filas de los futuros conciertos de Sanz, el colectivo de artistas pertenecientes a la órbita “dura” de la SGAE ha quedado marcado de por vida para la comunidad digital urbana e “ilustrada” (a falta de mejor término).

5)      Gran incógnita de las próximas semanas y meses: en qué medida las manifiestas afinidades políticas con el PSOE de algunos de estos artistas pueden arrastrar a los socialistas en su alocada carrera hacia el abismo del prestigio social.

6)      Twitter es ya sin ninguna duda el primer canal de información contínua. Seguir el minuto a minuto de la evolución del caso, especialmente en sus primeros momentos el viernes y el sábado, a través del hash #sgae era sencillamente apasionante. Twitter iguala en su timeline a los grandes medios –que se esfuerzan en ser los primeros en tuitear las últimas noticias, como antes se esforzaban en sacar los primeros SMS-, junto a colectivos e individuos (el abogado David Bravo, @dbravo, por ejemplo, todo un descubrimiento) que aportan informaciones igualmente interesantísimas. Pero atención: la calidad del timeline degenera según pasan los días. Comienzan a abundar no ya los exabruptos y puras groserías indecentes, sino también prácticas desagradables, como las de quienes utilizan una identidad ajena para asociarla a sus propios mensajes. Replies masivos con mensajes que ya no son reflexión, sino puro eslogan…  ¿Cómo evitar esto? La gloria de Twitter es precisamente su falta de barreras…

7)      Pocos recuerdan que el PP se opuso al canon digital, y con bastante energía. No a la ley Sinde (su obediencia a Washington / Los Angeles no se lo hubiera permitido). La injusticia del canon parece evidente ahora que pudiéramos estar ante un fraude masivo. Pero, ¿no era suficientemente clara antes?  Con esto, vuelta al punto inicial: el daño causado a los legítimos derechos de autores y creadores es inmenso. Ahora sí que sí, tendrán que buscar otros medios de rentabilizar sus obras que desde luego no pasen por la venta de copias digitales.

8)      ¿Qué pensará Hollywood de España? Si ya hace tiempo que nos tienen en el punto de mira por nuestra pasión pirata, ahora ¿qué harán? ¿Nos darán definitivamente por perdidos?

 

 

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