Cenizas de papel que como pájaros
el aire confunden, y las esperanzas
de corolas encendidas, transeúntes
-de todo el universo, defraudado.
Así mis palabras el libre espacio
invaden del silencio: no son capaces
de robar a la deriva su sentido
-tan frágiles, ardidas, impenetrables.
Fuiste tú el permanente incendio
donde lecciones de olvido siguieron,
evanescente, irreal, imprescindible
amor que, a través de las tabernas
fantásticas donde el dolor florece,
mi nombre dió en prender para su noche.

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