Fuimos a Viena tras ser agraciados con dos noches de hotel y una tarjeta de transporte de tres días en un concurso. La predicción era de lluvia. Estas dos circunstancias hicieron que fúeramos sin grandes expectativas. Pero no llovió, y además descubrimos una ciudad interesantísima. Muy recomendable.

La primera tarde nos dió tiempo a visitar el Albertina Museum, donde además de admirar los grabados originales de Durero descubrimos a un artista que ha pasado al ranking top de nuestros gustos: Walton Ford. Es un americano que hace dibujos a gran escala de temática naturalista, falsificando el estilo de las viejas láminas de la ilustración -incluso envejeciendo el papel un poco. El resultado es sencillamente admirable. Las obras tienen una fuerza poco común; muchas de las escenas además emanan una violencia latente o explícita que curiosamente es lo único que hace dudar de que las obras sean auténticamente antiguas. Por favor, buscad Walton Ford (Bestiarium, Pancha Tantra) en la web; Taschen tiene un par de obras publicadas. Yo quiero una para mi regalo de cumple, ok?

La primera noche cenamos en el Augustin, un restaurante de la zona turística, muy turístico, pero fabuloso. A continuación puedes ver su salón, su carta (yo tomé lo segundo, y aún se me saltan las lágrimas al recordarlo…), la referencia del vino, y escuchar al músico local, que tocaba la guitarra puntiaguda que suena en «El Tercer Hombre»

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De vuelta al hotel cruzamos el Canal del Danubio al anochecer…

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A la mañana siguiente fuimos a Schonbrun, el parque y palacio donde residió la corte Imperial. Impresionante. Sobre todo los jardines, auténtica expresión del espíritu de la Ilustración: en sus muchas hectáreas hay laberintos…  (muy divertido!!! una pista: no os dejéis engañar por la vista!)…

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ruinas romanas falsas….

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…invernaderos, áreas de caza o descanso…

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y el zoológico más antiguo del mundo! (Después de haber visto el día antes las obras de Walton Ford resulta especialmente inquietante y apropiado visitar este zoo). También nos encontramos líquen histórico, sobre el que apoyaron sus manos Napoleón, Sissi y tantos otros… 

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Y como toque moderno, losas musicales!

Tras el paseo reponemos fuerzas con un pastel y un zumo. Aquí teneis la carta de pasteles.

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Luego nos vamos al Prater, el parque de atracciones de la ciudad, también célebre por la peli; en su noria Orson Welles y Joseph Cotten mantienen uno de los diálogos más recordados del cine negro: «Mira esas figurillas que se mueven ahí abajo… ¿De verdad te importa lo que pueda sucederles…?

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La noria además presta servicio de alquiler dedicado de sus cabinas. Una buena sugerencia romántica: declararse en una cena dando vueltas en la noria… Seguro que los de las cabinas contiguas aplauden!

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Volvemos en metro al hotel a reponer con un baño caliente la caminata, y por el camino encontramos a una higuera que se empeña en crecer entre las dos vías del tren… Y nadie se atreve a quitarla, respetando su ciego deseo de vivir… Suerte, amiga!!

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Esa noche cenamos en el Korso del Hotel Orly, muy cerca de la Opera. Al pasar junto a ella vemos que se retransmite al aire libre; los aficionados llevan sus sillas y disfrutan de la representación proyectada en un gran panel de tv… Aquella noche era Tanhausser.

La cena en el Korso es igualmente magnífica; ligera y apropiada para pasar buena noche, ayudados por el vino blanco recomendado por el somelier ….

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y más tarde por un Lavagulín en el bar del Sacher… Qué bonito color! (Y qué rabia da la manía de los contadores de centilitros… carísimo resulta así un whisky que se ventila en dos empujones… pero bueno… es la civilización).

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A la mañana siguiente, al Belvedere para ver la obra de Klimt. El paso del paisajismo al estilo personal hiperdecorativo de su época dorada es sencillamente para hacer la ola. Puestos al lado de su compatriota Egon Schiele, por el que los austriacos sienten una devoción extraña, se comprende que el Arte que triunfa es el que sigue siempre la senda de la belleza, y que buscar arte en el feísmo es como empeñarse en alabar el vino agrio. A ver si me jubilo pronto y tengo tiempo para pasarme tardes enteras leyendo sobre Klimt y el simbolismo!

En el exterior del Belvedere, una foto con mi amiga la Esfinge de las Tetas Redondas… Perdona la falta de respeto, ok? Es que no me pude resistir…

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Visita a la Casa de la Música, mezcla de museo de la sonoridad e historia de los compositores que trabajaron en Viena (la nómina desde luego impresiona: Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Mahler… Cada cual tiene una bonita sala que recompone su atmósfera de trabajo y donde pueden escucharse sus obras. La visita a la Casa de la Música incluye la posibilidad de dirigir a la Orquesta Filarmónica de Viena, cosa que aunque parezca difícil puede hacer hasta un niño de dos años…

Y nada más, ya sale el avión… Id a Viena! Os gustará! Buscad Walton Ford! Besos!

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