Es un Domingo por la mañana radiante como pocos. Dejo a mi mujer en la cama, exhausta por el exceso de bebida de la noche anterior y -también, claro- por mi reciente actuación amorosa. Después de una ducha refrescante al aroma de gengibre silvestre, y de un suave desayuno con té de jazmín, galletas integrales con 0,1 gramos de L-Carnitina, Miel de Vega Sicilia y Actimel de Mandarina, abordo el exterior cual Leo Messi que sale al terreno de juego y los aplausos ensordecedores son la música habitual que le recibe. En mi caso, sólo yo puedo percibir tal acompañamiento, pero poco importa. La calle está despejada; en el camino al Centro Comercial apenas me cruzo con dos o tres jovencitas que admiran turbadamente mi talle vientre plano (veo sus miradas confusas a través de mis Ray-Ban) y el mendigo mala leche del semáforo, que de todas formas me respeta respetuosamente desde que, años atrás, utilicé mi voz ultraprofunda para neutralizar con un escueto «apártate de mí» su insistencia pedigüeña y pestilente. Entro en la sección de Papelería del Centro y compro la Prensa del Día, con sus múltiples suplementos, revistillas y aderezos dominicales. Busco una buena mesa junto al ventanal. La camarera caribeña acude veloz a tomar nota de mis deseos, que en este momento se limitan a un café con leche bien cargado y con la leche muy caliente y un zumo de naranja natural con azúcar.

Mientras tanto, en mi otra vida, el calor apenas me deja cerrar los ojos y encontrar un lugar seco en el amasijo de sábanas mojadas de mi colchón sin somier sobre un suelo de baldosas, colillas y algún botellín que rueda de aquí para allá como bala de paja en el desierto de Texas. Harto de no poder conciliar el sueño ni siquiera después de una noche de torturador insomnio, conecto el ordenador para chatear un rato. Elijo el seudónimo de «Gloria», por pura ironía. La presencia de otros y otras desesperados que, como yo, nada mejor que hacer tienen en tal domingo asqueroso aporta un mínimo consuelo a mi sudoroso estado de ánimo. Voy a la cocinilla y pongo agua a hervir; saco un pedazo de jamón de york reseco del frigo y limpio, como puedo, en la pila, una taza, una cucharilla, y el plato.

 

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