Vengo de ver un espacio titulado «Sex Populi» en Canal Plus. Son las 00.55 del martes 19 de enero de 2010. Doy estos datos por si algún investigador del futuro duda de mis afirmaciones.

En la emisión en cuestión se nos presentan bajo un prisma desenfadado diversas cuestiones relacionadas con las prácticas sexuales y los hábitos culturales. Es decir, se viste de un tinte de antropología social al entretenimiento.

En términos de producción televisiva, el espacio consiste en lo siguiente:

1) animaciones gráficas de texto y mapas que sitúan diversas regiones del planeta;

2) una entrevista junto al Guadalquivir con un personaje identificado como sexólogo;

3) entrevistas de calle sobre fondo de escenario cuidado, con iluminación bien dispuesta y estilismo aplicado a los supuestos viandantes entrevistados.

Sobre dicho formato de producción «low cost» se articula un guión consistente en identificar supuestas prácticas legislativas o consuetudinarias en lugares cualesquiera del planeta para a continuación exponer lo atrasados que están en todas partes menos en las riberas del Guadalquivir. Así, se nos informa de que en tal país el onanismo es delito, o en tal otro el incesto, o en ése de más allá la zoofilia. La parte informativa corre a cargo de las animaciones gráficas. A continuación, el sexólogo emite un breve análisis antropológico, para enseguida dar paso a las entrevistas de calle que evidencian que la población española está ya muy de vuelta de todo, muy preparada para ser vanguardia sexual del universo mundo, muy ideológicamente por encima del resto.

El conjunto produce una sensación de simplicidad devastadora, e incluso hace bueno al No-Do. Pena por darse cuenta de que 35 años después después de 1975 hay alguien -con amplias responsabilidades editoriales y ejecutivas en televisión- que sigue pensando que la población española es gilipollas. Que necesitamos ideología en vena.

Vale, muy bien: la zoofilia mola; el incesto es lo último; la masturbación debería ser reconocido como deporte olímpico en la modalidad de lanzamiento de peso. Pero por favor: no lo pongáis en los libros de texto audiovisuales. Simplemente, admitidlo. Si ya lo sabemos. ¿A quién queréis educar aún?

 

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