Comentadas ya algunas de las aplicaciones prácticas del Arte, es el momento para ocuparnos de la reglamentación moral y la urbanidad básica que deben inspirar su uso. Hablaremos de la utilización a pequeña escala de la maldad en contexto Invisible, para exponer después algunas consideraciones sobre el mismo tema pero desde el punto de vista de la Megalomanía.

Las pequeñas travesuras son, sin duda, uno de los mayores encantos de la Invisibilidad. Creo que todos estamos de acuerdo en que la maldad sólo es verdaderamente deplorable en sus grados medios; en sus extremos resulta agradable, sociable, abiertamente simpática -aunque no para todos los gustos, claro. Mangar un caramelo es uno de los primeros actos de afirmación personal que todo chaval bien criado tarde o temprano lleva a cabo : ¿alguien puede seriamente condenar este comportamiento? Inversamente, ¿puede alguien asegurar que es un ejemplo de bondad?

En el otro extremo del arco, la megalomanía de la maldad suscita, generalmente, encendidas admiraciones y simpatías. ¿Qué película seria se atreve a gastar una sola peseta de su Presupuesto sin contar con un buen personaje malvado con nunca vistos delirios de grandeza? ¿Quién es James Bond sino el comparsa permanente de un personaje mucho más noble, inteligente, independiente, idealista y ambicioso que adopta diversas formas pero permanece en nuestra memoria y cariño como El Malvado Megalómano, a quien sólo pierden su mala suerte, la tradición y su propia debilidad en el último momento?

Haz la prueba: menciona sin pensar, a bote pronto, a tus tres personajes favoritos: verás por tu respuesta que podrías ser procesado por apología de la depravación. En este Manual Online no vamos a efectuar recomendaciones relativas a grandes empresas de la Maldad. Unicamente espíritus dotados de una vocación avasalladora, seres que diríamos predestinados, que sienten la llamada del abismo, pueden embarcarse en proyectos verdaderamente Malvados, delirantes, terribles. En el caso de que creas ser tú uno de ellos, te recomendamos la lectura de nuestra obra Apocalipsis, Incendios, Destrucción y Caos; diseño básico de proyectos a partir de cuatro elementos (próxima publicación ; contacta con nosotros para reservar tu ejemplar).

Vamos a sugerirte algunas recomendaciones sobre las pequeñas travesuras. La primera es evidente: hazlas. De verdad, no seas timorato. El viejo argumento pequeñísimoburgués de que el vicio es una pendiente comparable al Tourmalet y de que una vez que se empieza con una minucia se acaba borracho de perversión es una de las mayores tonterías que jamás se hayan pensado, escrito, dicho o transmitido, y además uno de los dogmas que más ha dañado a la humanidad, cerrándole la puerta a pequeños desahogos cotidianos sin los cuales su psicología está condenada al desencanto, la alienación, los encuentros de hermandad, los espacios forestales reservados para picnic y, finalmente, la mediocre maldad contra la que preveníamos acaloradamente al inicio de este capítulo.

Matizando, sin embargo, nuestro consejo diremos también que no es conveniente aventurarse con las travesuras Invisibles antes de haber intentado algunas en plena corporeidad. Conviene que sientas la emoción del riesgo antes de utilizar la impunidad de la transparencia. Lo diremos por fin, ahora que ya eres practicante del Arte: la Invisibilidad no debe ser utilizada para llevar a cabo aquéllo que no nos atreveríamos a realizar a plena luz del día. No; su verdadera utilidad es la de añadir rapidez a las acciones, restándoles también posibilidades de fracaso. Pero nunca debe encubrir timideces o cobardías; si estás convencido de que tu fechoría es justa, o al menos saludable, debes intentarla; hacerlo en forma corpórea o intangible es algo que puede depender del humor de cada día. Además, el ingrediente esencial de una buena perrería, como le podrá confirmar cualquier chaval entre los cinco y los trece años, es el riesgo de que te pillen. ¿Cuándo se disfruta más una barrabasada que cuando se está conteniendo la respiración, agazapado tras una esquina, a sólo dos metros del portero que ha encontrado un escarabajo aplastado sobre su Interviú y nos busca para aniquilarnos? ¿Eh ?

Permítenos sugerirte algunas combinaciones clásicas para tus primeras fechorías Inmateriales:

* La Invisibilidad, los finales de liga y la dulce venganza: Date el gustazo de derramar una lata de pintura sobre alguno de los coches que inundan la ciudad de groseros claxonazos motivados tan solo por la tribal victoria de su equipo en un partiducho. Suelta una pecera de pirañas en la fuente donde los bárbaros se zambullen coreando sus himnos degradantes, sus estribillos zafios.

* La invisibilidad, las Harley Davidson y otra venganza no menos dulce: A todos nos gustan las Harley Davidson; son muy bonitas, todas brillantes y lacadas; son auténticas piezas de museo; es maravilloso verlas aparcadas y calladitas. Pero cuando arrancan emiten una pedorreta continua capaz de desvelar a cualquiera. Date una vuelta por el lugar donde se reúnen sus adictos, y corta un par de cables. Esto vale para otros modelos y marcas, así como para las alarmas chillonas y, en general, para todos los servicios municipales. Por ejemplo, habrás observado que en las obras públicas se respeta un horario estrictamente fijado para las taladradoras: de 7,30 a 8,00, de 9,00 a 9,30 y de 11,00 a 11,15. Nunca oirás taladros fuera de estas horas. Estos son los intervalos que, tras un sesudo estudio, la Confederación Urbana de Municipios ha establecido como idóneos para despertar a todos los que trabajan por la tarde o noche y duermen por la mañana, de forma que todo el mundo se dé buena cuenta de que el Ayuntamiento se gasta los impuestos en obras perfectamente prescindibles. Podrían hacer sus agujeros con palas y picos, ¿no? Pero entonces no harían ruido, y el progreso -según su concepto- debe ser algo Ruidoso, como los banquetes romanos –según la Doctrina Astérix- debne ser algo Grasiento. Baja a estas horas, y cada vez que el empleado de turno ataque el asfalto con su máquina abominable : ¡zas, colleja ! No conseguirás realmente gran cosa, pues es un enemigo demasiado fuerte este Progreso. Pero molestarás también un poco y te sentirás mejor.

* La Invisibilidad, los cócteles y la Bolsa: date una vuelta por alguno de los cócteles encopetados que se celebran en lujosos hoteles, y frecuenta los corrillos en los que se transmiten secretos sobre operaciones bursátiles, chismorreos de sociedad y maniobras políticas corruptas. Haz un uso limitado de la información que seas capaz de recabar; de lo contrario matarás a la gallina de los huevos de oro. De hecho, sospecho que mucha de la volatilidad bursátil que se registra en los últimos meses, y que ni los más sesudos analistas son capaces de explicar convincentemente, se debe a las actuaciones de algunos de mis antiguos alumnos que faltaron a las clases de Deontología.

* La Invisibilidad, la cerveza y las gambas: una combinación interesante donde las haya, como es fácil desprender de capítulos anteriores. Proponemos una variante en forma de concurso para dos o más Practicantes: se coloca un plato con quinientos gramos de gambas cocidas, de las bien duritas y frescas, rodeado por varias cañas de cerveza de barril. Gana el que más gambas coma en estado Invisible, pero para coger del plato hay que estar visible.

* La Invisibilidad, la noche y las esquinas: Pasear de noche, Invisible como un amigo cuando se necesita dinero, por los barrios de la ciudad que amas (es imprescindible este requisito) es uno de los placeres más baratos, relajados y agradecidos que ésta -por otra parte, ingrata- Vida nos depara. Hay todo un mundo de actividad sumergida, una densidad de movimientos y pasiones, en las horas de la madrugada, que realmente merece la pena ver, oír, oler y, en ocasiones, tocar. Levanta la vista hacia los rectángulos iluminados a las cuatro y media de la noche; seguro que te entran ganas de lanzar una escalera de cuerda y colarte en el domicilio de quien vela. ¿Y por qué no? Trepa por la fachada, y cotillea lo que hacen tus conciudadanos en horas tan curiosas. Verás gente trabajando en cosas que verdaderamente les interesan, o grupos de amigos riendo sin parar, o parejas enlazadas (¡sé discreto !); tres de cada cuatro viviendas que otees te depararán una visión agradable. En cuanto a la calle, baste decir que si durante las trajinosas horas del día es difícil encontrar historias ejemplares o instructivas durante la Alta Noche te cruzarás en cambio con toda una variada ralea de perdularios, perdidos y perdedores, cada uno con su historia y su caso, y todos dispuestos a agarrarte el brazo para narrar en doce horas escasas sus alegrías y sus miserias a cambio de un simple vaso de vinazo.

Visita la Noche, amig@ mí@. Es tranquila y excitante, fresquita, y está llena de bares. Utiliza la Transparencia para evitar riesgos innecesarios, o para desaparecer cuando uno de tus contertulios ocasionales comience a desbarrar. Vuela como un Alma en Gracia por las Calles de la Madrugada, déjate traspasar por su silencio pueblerino, sigue a los basureros en sus rondas prehistóricas. Aprende de la cara agonizante con la que los conductores giran y giran alrededor de ciertas esquinas ; utiliza tu poder para salvarle la vida a alguien que va demasiado borracho para conducir, pinchando por ejemplo las ruedas de su coche.

 

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