Bueno –Discípulos presentes, Amigos futuros- : ya está bien de preparativos. Si habéis llegado hasta aquí y cumplido las instrucciones, obteniendo buenos resultados en los ejercicios, no tiene sentido esperar más. Preparaos para el Gran Salto.

Debéis hacerlo acompañado de alguien de suficiente confianza. La transmutación entraña ciertos riesgos físicos y psicológicos, y además no os podéis permitir, antes de salir a la calle y comenzar a dar botes de alegría por el éxito -y cometer toda clase de fechorías, como seguro que hacéis en vuestra primera experiencia- prescindir de una opinión objetiva y desinteresada que os confirme si, efectivamente, habéis logrado transmutaros.

Bien, pues ya estáis l@s d@s en un lugar tranquilo, y sabéis por qué estáis en él. El o la que vaya a intentar la metamorfosis, que se desnude. Más adelante no os será difícil desaparecer con ropas y todo, pero para empezar resulta de ayuda no tener que preocuparse de nada más que de la piel. Una vez mond@ lirond@, colóquese el o la pretendiente entre dos espejos como mínimo de su misma estatura. Los cristales no deben ser perfectamente paralelos, sino situarse en cierto ángulo de divergencia vertical que permita ver en uno el reflejo del otro.

Ahora se trata de trasladarse al otro lado del espejo; de uno de ellos, para empezar. Esto ya sabemos hacerlo (ver Prácticas Preliminares si no es el caso ; ojo : la lectura no líneal de este manual on-lineal puede acarrear problemas de aprendizaje y por tanto de prácticas a quien no siga estrictamente los pasos y metodología establecidos. El Autor Invisible no se hace responsable de estos casos.  Cuando ocupes el espacio del reflejo debes efectuar un nuevo salto, pero NO DE REGRESO A TU CUERPO, situado en el medio, sino por encima de él a la otra imagen en el espejo de enfrente. ¡Venga, es fácil !

¡Aaaaalehop! ¡Muy bien, perfecto ! Ahora repite el salto por encima, y vuelve al primer espejo. ¡Superior! Ahora, otra vez al segundo. ¡Venga! ¡Cada vez más rápido! ¡Vuela entre ambas lunas! ¡Otra vez, y otra, y otra más! ¡No pares! El mareo que empezarás a sentir es normal, un vértigo previsto, lo mismo que cuando se fuma el primer cigarrillo. ¡No seas miedica! ¡Sigue, cada vez más deprisa!

Conseguir la invisibilidad depende de la rapidez que alcances en tus saltos de uno a otro espejo, pues el truco es algo parecido a cuando movemos ante los ojos un palito muy deprisa, de forma que al final no sabemos si realmente está ahí o no. Así es: la Invisibilidad es el equivalente psicológico de la Rapidez física. Ahora ya eres dign@ de asimilar esta importante aseveración con todas sus consecuencias.

Para verificar cuándo consigues traspasar el umbral es para lo que hace falta la ayuda externa.  Habrá un momento en el que vayas a tal velocidad que te resulte difícil saber exactamente dónde estás; éste es el momento en que tu ayudante deberá echarte un cable, indicándote si estás en un espejo, o en otro, o si bien has conseguido ya transmutarte y eres por tanto Invisible.

No te desanimes; no tiene por qué salir a la primera. No es fácil. Deja que tu acompañante lo intente un rato; descansa y comprueba cómo, en efecto, a medida que se van dando saltos de uno a otro espejo la imagen física se hace más y más borrosa para el observador externo. Tarde o temprano lo lograrás. La rápida sucesión de transmutaciones te situará en una velocidad de percepción diferente, y entonces, amig@ mí@, ENTONCES serás INVISIBLE. Enhorabuena. Mándanos un twit a #invisible en ese momento para celebrarlo contigo, ¿ok ?

¿Ves como no era tan difícil? El problema, ahora, es saber comportarse desde la inmaterialidad. Estamos, por lo general, tan acostumbrados a movernos en un mundo de evidencias que encontrarás dificultades para desplazarte y hacer tu vida normal en tu nuevo estado. Es para esto para lo que hemos insistido en los ejercicios preparatorios y complementarios, que a estas alturas deberán haber predispuesto tu mentalidad para el efecto.

Te estarás preguntando: ¿y cada vez que quiera hacerme invisible tengo que repetir tal cual la operación, con los dos espejos y todo el resto? No, en absoluto ; ¡sería poco práctico! Una vez que conoces tu imagen desde el otro lado del espejo, y que sabes también cómo eres según los otros te ven, puedes aprovechar la imagen que los demás tienen de tí como trampolín para la invisibilidad, como si fuera uno de los espejos de las transmutaciones iniciáticas. En definitiva, se trata de repetir la operación que venimos describiendo sólo que en circunstancias diferentes, y utilizando como reflejo no un espejo, sino pupilas y atención ajenas.

Esto ya son palabras mayores, pero el truco es el mismo. En la calle se trata de captar la atención de dos prójimos circunstanciales y utilizar sus percepciones como reflejos proyectantes. Te llevará tiempo dominar esta técnica, claro. Un buen sistema para ir gradualmente puede ser substituír, cuando ambos Practicantes hayáis logrado traspasar el Umbral, uno de los espejos por el o la compañer@. Y más adelante, el otro espejo por un escaparate de la calle, por ejemplo.

Para tus primeras prácticas en tiempo real -esto es, no experimentales- te recomendamos un entorno estable, que conozcas bien (el taller, la oficina, el bar de la partida, la peluquería…). Te asombrarás de la rapidez con la que progresas una vez que hayas logrado las primeras transformaciones. En efecto, ¿no parece imposible, oyendo hablar a un chino, llegar algún día a comprender su lengua, y mucho menos a hablarla? Sin embargo, la constancia, la dedicación y una buena temporada en Pekín pueden hacer que lo domines y hasta que empieces a ganar a las tragaperras. Otrosí: ¿recuerdas cuando aprendiste a leer y escribir? ¿No te parecía cuasi mágica la velocidad con la que el profe desvelaba frases y pensamientos en los garabatos de la pizarra ; no creías que jamás en la vida lograrías superar la velocidad de una letra o sílaba mal escrita cada diez minutos? ¿Y ahora? ¿Lo ves? También se parece a cuando uno aprende a montar en bicicleta. En las primeras intentonas no se acaba de comprender el prodigio del equilibrio sobre dos ruedas, pero, como por encanto, en una de éstas resulta que notamos un golpecito especial en el estómago, y en una milésima de segundo que recordaremos toda la vida nuestro cuerpo aprehende dónde está su centro de gravedad, el punto mágico del equilibrio ciclista. A partir de ahí será cuestión de dos o tres batacazos más, pero el caballo está domado, el enigma resuelto; sólo queda practicar para mejorar el Arte. Es algo tan hondo que, por muchas vueltas que se dé en la vida (y mira que se lllegan a dar) jamás se olvida.

Alégrate, Amigo lector: una vez aprendido el Limpio Arte de la Invisibilidad tampoco lo olvidarás nunca. De tí y tu nivel de práctica depende el que llegues a ser un Alberto Contador o un Induráin de la transparencia, o simplemente un amateur que coge la bici los domingos, pero tu nueva habilidad formará, para siempre ya, parte de tu bagaje personal.

 

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