Mentir, lejos de constituír un malvado hábito, es también todo un arte, quizás de dimensiones, dificultad y atractivos similares al que estas páginas enseñan y, desde luego, estrechamente relacionado con él. Nos atreveríamos a decir que nadie que no practique al menos dos veces por semana, en entornos de grupo diferentes, la mentira en sus diferentes modalidades (excusa, engaño, coartada, bola, tranfulla o trampa) puede llegar jamás a ser un buen Invisible.

Una vez más hay que comenzar por derribar los tabúes morales de aquéllos -bien pocos, es cierto- que puedan sentir ciertos anacrónicos escrúpulos ante una exposición cruda y una alabanza desatada de la mentira. Pensad, primeramente, que si os pasais al bando de los fabuladores se abrirán ante vosotros incontables posibilidades vitales, miles de blancas páginas en las que escribir la historia de vuestra vida con el argumento, los personajes y la conclusión que os dé la real gana. La verdad  -ese árido monolito bobalicón plantado en medio de todas las cosas interesantes- es una, indivisible y opresiva (¿os suena?). La mentira es polivalente, multicolor, diversa, imprevisible, excitante, y, además, mucho más productiva. Nos ayuda a comprender los mecanismos que gobiernan nuestra vida social e íntima. Su práctica es perfectamente inocua, toda vez que, por mucho que mintamos, la verdad seguirá estando ahí si realmente queremos recurrir a ella. Desarrolla la inteligencia obligándonos a dotar a una historia absolutamente disparatada de tintes y matices verosímiles. Crea burbujas de vidas posibles que enriquecen nuestras emociones, flotando en nuestros días ligeras y sin rumbo, al azar de los rumores de otras bocas que las impulsan y propagan. Muchas veces incluso predice el futuro, anticipándose a lo que el tiempo y el azar petrificarán quizás por casualidad en una simple y gris verdad.

Hay que comenzar con algunos ejercicios mentirosos puramente deportivos. Por ejemplo, dile a tu  familia que la empresa te envía tres días a Salamanca para tratar la apertura de una nueva sucursal. Tu primera dificultad será presentar esta historia de manera creíble, sobre todo si estás en paro, pero en esto precisamente consiste el encanto del asunto, el mérito del Arte. La mentira es tanto más grande y valiosa cuanto prolonga de manera natural y elegante ciertos aspectos verdaderos de nuestra vida, y al mismo tiempo los desarrolla y extiende a extremos delirantes, fantásticos, alucinantes. Pero volvamos al ejercicio.

En primer lugar, no te vayas a Salamanca, sino a Burgos. Antes de ello, teje con amor y atención toda la maraña de pequeños detalles que darán a tu mentira calidad y valor. Envíate a tí  mismo un fax de un hotel de Salamanca confirmando la reserva; arréglate para dejarlo en un sitio lo vean como al paso. En el trabajo cuenta una mentira paralela (también llamada doble o acrobática) : que vas a visitar a los tíos de Huelva, a los que no ves hace una eternidad, por razón familiar leve. No te recomendamos utilizar la enfermedad o las desgracias como materiales plásticos para tus trabajos; trae mala suerte. Realiza tus obras con elementos ligeros, positivos, con hilos ficticios que por sí mismos constituyan motivo de envidia para el auditorio.

Notarás, en los días precedentes a la consumación de tu trola, un calorcillo interno, una intimidad satisfecha, que es uno de los primeros aportes fisiológicos positivos de la mentira y uno de los aspectos más agradables de su ejercicio. Todo irá encajando dulce y suavemente; se aproximará el día de partir sin que nadie, ni en casa ni en el trabajo, sospeche de lejos tus auténticos planes. (También es cierto que probablemente les da un poco igual, es triste, sí…).

Y llegará el glorioso día. Remata tu faena subiéndote por ejemplo al tren de Salamanca, y despidiéndote desde la ventanilla cuando abandonas la estación. Baja después en el primer apeadero y emprende tu verdadero rumbo, ¡hacia la libertad, la transparencia, la Invisibilidad!

Algunas horas más tarde estarás en una terraza junto a la Catedral de Burgos, tomando una cervecita con aceitunas. El día será magnífico, y te sentirás invulnerable, etéreo, en plena forma, renovado, receptivo, muy bien. Lo que hagas a partir de ahora es cosa tuya; no te lo vamos a decir todo.

Si en algún momento de la aventura sientes una punzada de vértigo en la boca del estómago, no te alarmes ; es normal. La mentira, sobre todo las superiores, elevan el espíritu a un ámbito mirífico, y de ahí esa mariposeante sensación física. Si te resulta angustiosa, puede que no estés aún preparado/a para mentiras complejas, elaboradas; vuelve a casa, y practica con pegotes más reducidos, puntuales, que no exijan una atención constante. Como todo arte que se precie, la mentira se ha desarrollado en múltiples géneros y subgéneros a lo largo de la historia; es cuestión de cada cual hallar el más afín a su carácter. Unos preferirán la solemnidad de la Fantasía, que prolonga en historias increíbles pequeñas aventuras cotidianas; otros amarán la Trola, simple y rotunda, de noble sabor popular, ilimitada en sus dimensiones, breve y explosiva como un trueno de tormenta; aquéllos se declararán partidarios de la Mentira-Río (quizás la modalidad más difícil, reservada a los Maestros) capaz de extender la ficción durante toda una vida, corriendo paralela a ella como una suerte de refugio a donde acudir cuando la realidad se vuelve irrespirable; practicamente todos gustarán la pequeña, vivaz y práctica Excusa, sin la cual el día a día sería simplemente una tortura y nuestro círculo social mucho más limitado; en fin, hay para todos los gustos, edades y condiciones, así que no digas que no encuentras la tuya. Si lo dices empezaremos a sospechar, además, que estás intentando colarnos un primer Globo. Enhorabuena. La humildad es, sin duda, una de las mejores cualidades complementarias del buen Practicante.

¿Hay algo más tierno que asistir a la primera mentira de nuestros hijos, cuando, apenas levantando treinta centímetros del suelo, espetan con la mayor naturalidad del mundo que la ventana la ha roto Bob Esponja, o que su maestra está muy contenta con ellos, o que no verán la tele después de las doce cuando los dejemos solos? Es en momentos como éstos cuando tenemos la certeza de que son normales, de que podrán salir adelante en la vida, de que tienen futuro, de que verdaderamente son hijos nuestros.

La relación entre invisibilidad y mentira es la de dos Artes diferentes pero con aspectos esenciales en común; si la Invisibilidad es la Música -expresiva e intraducible, emotiva, instintiva, directa- la Mentira es la Literatura: compleja, arquitectónica, difícil. El placer de la primera es natural, temperamental; la segunda ofrece, a cambio de sus exigencias formales, satisfacciones más cerebrales pero igualmente intensas. Quizás en el fondo sean extremos de una misma banda, polos de una actividad espiritual que necesita expresarse a sí misma a través del trato con el mundo y sus secuaces.

 

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