Como tantas otras cosas, la Invisibilidad se puede delegar. Podemos conseguir que otro haga por nosotros el trabajo duro -habilidad ciertamente recomendable en muchos campos de la vida, y absolutamente necesaria para llegar a ser alguien en cualquier empresa pequeña, mediana, o inmensa. Consistiendo, como consiste, la Invisibilidad en un asunto de atenciones ajena y propia, no hay más que concentrar la atención del prójimo (a1, a2….aN) sobre otro (aP) y situarse después convenientemente al margen, incluso lo más lejos posible, del foco de atención general.

Te recomendamos que elabores un catálogo de las personas de tu entorno a las que les guste destacar, así como un inventario de sus temas  favoritos. En cualquier calle de cualquier ciudad o aldea perdida nada gustará más que ver a otro hacer el ridículo, como poco; lo normal es que guste también verle en apuros. Esto se debe a un componente de psicología atmosférica que en occidente denominamos Mala Leche, y que en otras culturas adopta formas léxicas diferentes pero igualmente expresivas. Ergo, NUNCA te pongas a tiro; NUNCA JAMAS des a los demás la oportunidad de reírse de tí, ya sean conocidos o extraños. Es peor si son conocidos, por supuesto, pero el mundo es un pañuelo y nunca se sabe a quién se volverá uno a encontrar. Una sola vez que hagas el idiota en tu círculo de amigos/enemigos bastará para privarte de cualquier oportunidad para desmaterializarte durante el tiempo necesario, como mínimo, para que otro infeliz capte la atención de la manada. Aún así, ya siempre llevarás sobre tu frente el estigma de «¿os acordáis de aquélla vez que…?», arquetipo mental que dificultará tu transformación material, pues la atención ajena pesará como una bola de presidiario y para inmaterializarse conviene ser ligero/a como un/a pájaro/a.

En uno de los primeros seminarios sobre el Arte que impartí, hace ya muchos años, tuve la ocasión de contar con un alumno excepcional, dotado como pocos, listo como el diablo, pero con un defecto que le perdía: creía que la humanidad podía ser mejorada. Todo noblote él, se me rebelaba argumentando una y otra vez que si nadie llamara la atención nunca hubiera habido un Jesucristo, un Winston Churchill o un Charlie Chaplin. Yo le sugería, en broma, que acudiera, en vez de a mis cursos, a alguna Academia de Ciencias Políticas y Morales. Pero cuando pasábamos a la conversación en serio no tenía dificultad alguna en rebatir sus tesis. En efecto: Jesucristo: es difícil encontrar alguien que haya llamado más poderosamente la atención universal: ¿y qué consiguió? Un madero y tres clavos, aunque por lo visto eso formaba parte de sus planes. Churchill: ¿no hubiera sido infinitamente más sencillo eliminar a Hitler con un golpe de mano, sin necesidad de enviar cuatrocientos mil soldados como carne de cañón para sus panzer ? Chaplin: precisamente : toda su vida ilustra el deseo de desaparecer. Si no, ¿por qué crear un personaje? Me enorgullece afirmar que mi antiguo alumno es hoy uno de los mejores agentes secretos del espionaje mundial, que ha logrado derrocar gobiernos y alterar el curso de la historia sin hacerse notar lo más mínimo. Seguimos en contacto en Facebook (os sorprenderíais de su verdadera identidad, que no puedo revelar). Sigue sirviendo a sus ideales, pues de esto nunca logré persuadirle, pero al menos no hace el ridículo.

Mano izquierda, amigos míos, mano izquierda. Nada hay tan satisfactorio como ejercer de poder en la sombra. La claridad y la evidencia están bien para quien tiene vocación de mártir, pero todo lo verdaderamente importante se logra desde la imperceptibilidad.

 

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