En esta segunda parte vamos a exponer una serie de ejercicios complementarios de las técnicas básicas. Puedes practicarlos en cualquier etapa del aprendizaje, ya que no son en realidad técnicas indispensables, sino reflexiones y prácticas que te ayudarán a prepararse para el Gran Momento de Verdadero Acceso a la Invisibilidad. Cuanto más avances en las materias que proponemos a continuación, tanto mejor para tu disposición psicológica y mental a la hora de dar el Gran Salto. Dicho sea de paso, los ejercicios descritos A Continuación pueden también ser practicados por aquéllas Personas de natural curioso que, sin llegar a sentir la llamada del Limbo, sí deseen mejorar sus reflejos mentales y adquirir buenos hábitos de Higiene Cerebral.

1. Invisibilidad por disipación.

Una de las prácticas que mejor ayuda a comprender al novicio cómo se siente uno en la transparencia es una buena época de disipación. Durante unas semanas, o meses, o un par de años, por qué no, disípate. Vé a todas las fiestas, bebe de todas las botellas, fuma todas las hierbas. No hay nada como un buen guateque, cuando todo el mundo está absolutamente pasado y hace mucho que se han apagado las luces: la música atruena con baladas o salsa o boleros o cante, preferentemente música acústica, y el personal pulula en parejas abrazadas, o en solitario los más desafortunados. Pasea por la habitación, bailea, y nota que sólo un malicioso y divino brillo perceptible entre las tinieblas delata la presencia de los prójimos: en cierto momento de las fiestas de este género, cuando la madrugada extiende su mágica profundidad y todos los planes de portarse bien son ya pensamiento mojado; cuando nada cuenta sino estrujar la delicia de lo imprevisible, se produce uno de los fenómenos más peculiares de la inmaterialidad: se llega a una suerte de invisibiliad colectiva. Verás -paradoja, sí, pero aún no hablamos de la estricta ortodoxia del Arte- a la mujer de no sé quién arrullándose con el otro en un rincón de la cocina; verás que aquélla otra que conociste tímida y calladita baila como un electrón sobre el parquet; verás que quienes creíste enemigos mortales beben y cantan abrazados; cosas que al día siguiente todo el mundo negará. Nadie lo habrá visto. No ha sucedido.

Tú lo ha visto. Pero si te preguntan negarás -suponiendo que seas un caballero y hayas comprendido no sólo la letra sino también el espíritu de este Tratado. ¿Por qué crees que nuestra prodigiosa lengua castellana ha elegido el vocablo «ciego» para expresar aproximadamente el estado que describimos? ¿No te parece sintomático que cuando más claramente ves lo que está ocurriendo a tu alrededor es cuando teóricamente no ves nada?

¡Ah, la disipación: bailar con la primera persona que sale de la penumbra, notar el calor anónimo de su cuerpo, oler su sudor mezclado al perfume, ver que aprieta con confianza sus formas contra las propias, y al día siguiente recordar todo esto como si nunca hubiera ocurrido, saludarse como todos los días, guardar en el escondrijo más secreto de la memoria lo que pasó después!

Pocas experiencias resultan tan instructivas vitalmente como una buena racha de disipación. Quien no ha regresado alguna vez al alba, en sentido contrario a la muchedumbre laboral ; quien no se ha gastado lo que no tenía en copas y bailes, invitando a quien se lo merece y a algunos de los otros; quien no ha sentido el vértigo del sueño y la punzada del hígado del día después, pierde una excelente perspectiva de la Invisibilidad y sus leyes. Así que, lector amigo y discípulo dilecto, ya lo sabes: ya estás limpiando tus zapatos, planchando una camisa de buenos colorines, poniéndote ropa interior limpia, sacando ciento veinte euros y presentándote en la fiesta a la que no pensabas ir. ¿A qué esperas?

Pide uno o dos días libres en el trabajo. A la caída de la tarde – las ocho, más o menos- date una buena ducha con el agua tirando a fresquita ; aféitate bien, perfúmate poco y ponte una camisa que te favorezca. Baja a tomar una cerveza en el chiringuito próximo, y toma más de una. Si esto lo puedes hacer con una persona de confianza, de forma que mientras pasas el rato estés charlando distendidamente, mejor. Luego, invita a esta persona a cenar. Pide vino tinto, y procura acabar la botella. Toma proteína: carne tostada y cruda, por ejemplo. Al acabar, te sentará bien un aguardiente helado.

Luego enfila hacia el centro de la ciudad, hacia una zona poblada de bares, y escoge alguno que te despierte simpatía, aunque no sepas explicar por qué. Empieza con unas cervezas. Si encuentras conocidos, habla por los codos, de cualquier cosa, aunque sin avasallar. Orina frecuentemente, y al recorrer el camino desde tu posición en la barra hacia el reservado anda con alegría, oteando el panorama: verás como alguien te mira con interés, y disfruta de sus ojos.

Bebe sin moderación: mezcla cerveza y licores fuertes, tipo tequila u orujo; sin moderación, pero con inteligencia: no se trata de aniquilarse, sino de despertar a base de calorcillo al duende de la Invisibilidad. Desde luego, olvídate del coche durante esta práctica; hay muchos taxis por el mundo, y caminar bebido es también un placer. En fin, deja que transcurra la noche. Presta atención a la música -es importante que en este bar suene de la buena- y haz funcionar tu cabeza, que para eso está. Fíjate en los gestos de tus prójimos(as), y en los del personal distraído en otros extremos de la barra. Cuando hayas hablado lo suficiente, guarda silencio para ver si hay otras personas que quieran decir algo. Esto es conveniente incluso antes de empezar a hablar.

Que te den las tantas. No recordarás seguramente cuándo ni cómo volviste a casa. Procura dormirte con el spotify activado. Muy importante: deja la ventana abierta, con la persiana hasta arriba. Te dormirás respirando aire fresco,  (siempre y cuando la temperatura supere los diez grados centígrados). Por efecto de la luz, naturalmente, despertarás bastante temprano. Te parecerá que no has dormido lo suficiente, y tendrás bocapastosis: levántate, bebe agua fresca, y vuelve a la cama. No podrás dormir. Tendrás una erección (o un picorcillo, según la edad).

Después, una ducha y un café. Importante, también: sólo un café con leche. Lo normal es que el estómago no admita nada más. Y ahora es cuando empieza de verdad el ejercicio.

Elije lo primero que encuentres en el armario, y a la calle. Pasea sin rumbo fijo, pero con decisión, entre la corriente de transeúntes.  ¿Verdad que te parecen transparentes, que apenas sientes tu propio peso, que crees ser un puro espíritu vagando en el mundo de los vivos? ¿Has visto cuerpos ocupados, adorables, odiosos, grises, negros, tenebrosos, brillantes, fresquitos, hediondos, gloriosos, de todo? Te habrás cruzado con elementos andantes que son pura inercia, bultos vestidos que van a lo suyo, y ninguno de ellos te habrá mirado a los ojos. Enhorabuena: eras Invisible. No te veían. Has pasado junto a ellos, les has  visto con claridad, pero para ellos has pasado completamente desapercibido; como si no estuvieras.

También te habrás cruzado con algunos(as) (preferentemente) jóvenes (los adolescentes son vivísimos para estas cosas) que te han mirado directamente a los ojos. Estos se han dado cuenta de que estabas en estado (de Invisibilidad), y lo han notado, pero nunca te delatarían.

Sí, amigo mío. Has sido brevemente Invisible. Entusiásmate con la idea, pero ojo, no abuses. Este ejercicio puede llegar a ser adictivo, como atestiguan cientos de cartas de nuestro Correo y el aforo medio de los bares de nuestra ciudad. La disipación es como el periodismo : te puede llevar a cualquier lugar, siempre y cuando sepas dejarlo a tiempo.

 

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