Ya estás acostumbrado a tus rasgos y formas de movimiento en la vida cotidiana, no sólo desde la perspectiva frontal del espejo sino también desde otras : perfil, trasero, etc. Ahora debes conseguir verte desde el punto de vista de tus interlocutores, y pensar en tí mismo como ellos piensan en tí. Es sencillo: sólo tienes que dirigir tu localización exterior hacia alguien con quien estés conversando o compartiendo un lugar común -puesto de trabajo, sala de espectáculos, bareto…

Es importante asegurarte de que la persona en cuyo pensamiento y visión vas a introducirte esté pendiente de tí, al menos en las primeras pruebas. Elije a alguien con quien hables bis a bis, o a un compañero laboral de quien sospeches que alberga buenos sentimientos hacia tu persona. También vale alguien que te odie, pues la focalización de atención es similar, pero esto resulta más desagradable para los principiantes. Mírale fijamente a los ojos, capta su atenció hasta estar seguro de que entre ambos se ha establecido ese impalpable pero cierto puente de comunicación silenciosa en el que uno(a) y otro(a) atienden de frente o con el rabillo del ojo a los movimientos y al comportamiento del recíproco. Una vez seguro de que has establecido esta comunicación, introdúcete en el cuerpo del otro(a), por el mismo sistema con el que te colocabas al otro lado del espejo en el ejercicio anterior.

Hay diferencias, desde luego: no es lo mismo penetrar en una imagen especular e irreal, que además es la de uno mismo, que hacerlo en un cuerpo vivo y coleando; para empezar, se trata de allanamiento de alma. Pero no te preocupes; si te detienes  en escrúpulos a estas alturas no llegarás muy lejos. Además, te podemos garantizar que la invasión de un cuerpo y espíritu ajenos no provoca efectos secundarios ni en tí ni en el receptor. Hay ciertas reglas de cortesía a respetar y algunas precauciones a tomar, pero no es nada del otro mundo.

Depende únicamente de tu propio instinto y experiencia vital el que aciertes en la elección de tu primer huesped. Si das con alguien que te estima notarás un agradable calorcillo a modo de bienvenida. Por el contrario, si conscientemente has elegido a alguien que te detesta o bien te has equivocado en tu apreciación inicial notarás una atmósfera fría y un tufillo repelente. No pasa nada. De la misma forma que nosotros no podemos actuar desde un cuerpo ajeno, el prójimo tampoco puede impedirnos la estancia ni ocasionarnos daño grave durante estos momentos, aunque está claro que si nos aborrece hará todo lo posible para que permanezcamos el menor tiempo posible en su interior, y de ahí los malos olores y sensaciones agrias.

El recibimiento es circunstancial, pues de lo que se trata, finalmente, es de conseguir la percepción de uno mismo visto desde alguien distinto, habilidad básica para el futuro practicante de Invisibilidad. Y fíjate que decimos percepción y no visión, pues aunque tu huésped no te mire deberás notar que tu cuerpo está donde lo has dejado. No conviene permanecer mucho tiempo ausente si la persona que nos aloja se marcha a un espacio distinto, por las mismas razones que mencionábamos respecto a la excursión al espejo. Nuestro cuerpo, si por ejemplo su anfitrión se va a la planta de Facturación y le deja a uno en Pedidos, seguirá de todas formas funcionando correctamente, también a nivel laboral. Lo cual por otra parte explica el comportamiento de muchas empresas y oficinas de la Administración Pública, en las que la práctica del Arte está relativamente extendida. Es increíble hasta qué punto la inercia está infiltrada en nuestras actividades y comportamientos cotidianos; ahora se  trata de utilizarla para nuestros propios fines. Simplemente carecerás de esa capacidad de iniciativa e improvisación características del cuerpo y mente plenos; darás  impresión de poca viveza, estarás como acenutriao.

Es también muy importante, cuando se esté en otro cuerpo, ser gentil y correcto. Puedes perder amistades si burdamente intentas influír en el comportamiento de tu anfitrión, que lo notará y valorará en consecuencia. Es deseable que para este ejercicio se escojan personas del sexo contrario, pues entre ellas es más habitual encontrar focalizaciones de atención en buenas condiciones, pero no intentes ni remotamente aprovechar tu estancia para sugerir pensamientos o comportamientos reprochables. Aparte de no conseguir nada, perderás puntos. Sé cortés, no estorbes. E igualmente si en alguna ocasión estás en tu cuerpo y recibes una visita de un Practicanete -y es posible que esto suceda con cierta frecuencia tras la publicación de estas páginas- procura comportarte con naturalidad; deja actuar al instinto para expresar al visitante tus sentimientos, y si son positivos procura facilitarle las cosas no ausentándote de la habitación y manteniendo tu atención focalizada en el cuerpo correspondiente.

Recapitulemos, amigo lector. Ya sabes:

          * cómo eres reflejado en un espejo;

          * cómo eres visto por tí mismo desde el otro lado del espejo;

          * y cómo eres visto por algunos de los prójimos de tu entorno.

Estas son las tres bases indispensables para llegar al éxito en la práctica del Arte. Así por lo bajo, calculamos no menos de tres meses para cada una de las fases enunciadas, aunque esto varía según talentos y temperamentos. El caso es que ya empezamos a acercarnos a lo esencial de la invisibilidad, a su mismísima base filosófica, que es la siguiente: si los demás, si el prójimo y el mundo en su conjunto, pudieran prescindir de nosotros, lo harían sin la menor duda. Por tanto, proporciónales la ilusión de que pueden hacerlo. Hazles creer que en realidad no estás entre ellos, lo cual les quitará un peso de encima y a tí te proporcionará la posibilidad de seguir pululando por el mundo en estado inmaterial.

Podemos asegurar que la invisibilidad es una habilidad mitad psicológica, mitad mágica, que parte de los siguientes principios, conocidos como silogismos de Domalo:

          1) uno es alguien en la medida en que los demás le ven;

          2) los demás sólo ven lo que les interesa;

          3) si los demás pueden quitarse un problema de enmedio, lo harán;

          4) el prójimo es un problema para el prójimo.

He decidido, deliberadamente, no incluír en estas páginas la fundamentación filosófica de estos cuatro principios ; este es un tratado práctico, no teórico. Los interesados pueden aguardar la publicación de mi próxima obra: «Cosmos, Velocidad y Mareo», en la que con todo lujo de detalles y más de mil doscientas citas textuales de Marx, Hobbes, Galileo Galilei y San Nicéforo de Parma adorno setecientas páginas de brillantísimos razonamientos teóricos absolutamente convincentes. Pero éste que tienes ahora en tus manos, lector aplicado, es un manualito práctico, dirigido al hombre y la mujer de hoy, que por lo general prestan más atención a la eficacia de los sistemas que a su base hermenéutica. Más adelante expondré, eso sí, las razones que me han empujado a dar a la luz los principios del Arte, y lo que el mundo civilizado y la tradición de la sapiencia aguardan de tí, nuevo ser transparente.

Ahora lo que me interesa es que me sigas practicando durante algún tiempo las tres técnicas básicas, y que vayas leyendo las páginas siguientes, en las que se ofrecen algunos ejercicios sumamente sencillos de llevar a cabo y ciertas reflexiones que harán más gratificante tu aprendizaje del limpio Arte de la Invisibilidad.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.