El primer y básico ejercicio de los que te llevarán a la desaparición material (a ojos de otros, se entiende), consiste en situarte ante un espejo, relajadamente y sin prisas, y observar tu cara sin pestañear. Probablemente a los pocos segundos notes un ligero malestar, una incomodidad difusa y generalizada: persiste, porque es buena señal. Si puedes realizar este ejercicio en público, mejor. Por ejemplo, mírarte al espejo fijamente en la peluquería, mientras una muñeca de rubios rizos quemados te recorta las patillas, o en los espejos de los ascensores. Has de superar, repetimos, un primer momento de repulsión, totalmente normal cuando uno se observa detenidamente, e intentar alcanzar un estado de tranquila objetividad que te permita contemplar tus rasgos y expresiones con absoluta frialdad. Deja fluír la memoria; al poco acudirán recuerdos inesperados, imágenes y sensaciones perdidas que te sumirán en una grata seminostalgia. Es correcto; estas sensaciónes indican que el tratamiento habrá empezado a dar frutos. Tu reflejo está intentando tomar la iniciativa, con lo cual has dado el primer paso hacia la desaparición. Enhorabuena.

El número de sesiones necesarias para que la memoria se desahogue por completo varía según la edad, carácter y otras circunstancias, pero podemos establecer como regla general que no se debe intentar el siguiente paso hasta conseguir permanecer un mínimo de diez minutos mirando fijamente a los ojos de la imagen del espejo sin que broten recuerdos. Puedes  imaginar situaciones, trazar planes, idear aventuras, o intentar resolver problemas matemáticos; es igual: lo importante es que dejes de recordar: ése será el momento en el que tu imagen te habrá dicho todo lo que tenía que decir y estará dispuesta a tratarte de igual a igual, sin rencores.

El siguiente paso es conseguir verse a uno mismo desde el otro lado del espejo. Las largas horas de contemplación nos habrán habituado a nuestros propios rasgos, y la memoria liberada permitirá una máxima concentración en el proceso. Hay algunas recomendaciones adicionales:

* No conviene, hasta haber adquirido cierta experiencia, realizar este ejercicio teniendo a la espalda un fondo neutral (una pared blanca, o la oscuridad), pues ello podría dificultar la correcta identificación del cuerpo verdadero una vez conseguido el trasvase. Al menos un elemento de la decoración ambiental debe poder ayudar al principiante a saber exactamente dónde está en cada momento. Son muy adecuados a este propósito los posters con algún tipo de texto, pues desde el espejo las letras se ven al revés, como las de las ambulancias, y esto sirve de referencia.

* Hay un truco para, si por ejemplo se va la luz, saber con certeza en qué lado está uno. El cuerpo verdadero es el único capaz de percibir los olores. Así que si te ves en una situación apurada intenta provocar una ventosidad densa y extensa; si consigues olfatearla es que estás en el cuerpo verdadero; si no, cambia rápidamente de lugar. También puede servir echarse un poco de colonia o perfume en la muñeca antes de iniciar los ejercicios, pero la pituitaria puede dejar de percibir olores familiares por simple adaptación al estímulo. Además, los olores naturales se advierten con mayor facilidad y provocan reacciones más claras.

Una aclaración: es probable que hayas oído algunas historias alarmantes sobre el encuentro con El Doble; no el de cerveza, sino una especie de imagen paralela de uno mismo que según algunos pulula alegremente por el mundo a la espera de una buena ocasión para darnos un susto mortal. Estas leyendas afirman que la visión de la propia imagen desde el exterior de uno mismo es señal mortífera: ni caso. Son patrañas tejidas por los sucesivos poderes políticos y religiosos para disuadir a los hombres libres del análisis y la reflexión sobre sí mismos -sin duda una de las actividades más inquietantemente revolucionarias que pueden cultivarse. Encontrarse con el doble no sólo no es peligroso: es francamente divertido. Superada una primera fase de desconcierto, totalmente normal, uno aprende a mejorar su aspecto y su comportamiento viéndose como otros le ven.

Lo que sí es cierto es que la capacidad del cuerpo para funcionar por inercia, con uno fuera, es limitada. Permanecer más de dos o tres horas en el exterior provoca cierto decaimiento vital, aunque el cuerpo siga comportándose con toda naturalidad durante ese lapso (e incluso durante tiempos mayores, que de todas formas no aconsejamos). También es verdad que la velocidad de reacción y los reflejos ante circunstancias imprevistas disminuyen con uno fuera; por eso no es recomendable efectuar el ejercicio de cambio de lado en situaciones tales como la conducción, el tránsito por vías peligrosas -o, si por ejemplo eres cirujano, mientras operas, por consideración elemental.

En cualquier caso, queda aún mucho camino, y quizá estamos adelantando acontecimientos; de momento practicábamos únicamente con el espejo. No creas que la visión de tí mismo desde fuera equivale a la invisibilidad, ni mucho menos; se trata únicamente de un ejercicio previo. Aunque te veas desde otro lugar, y aunque seas consciente de que te estás contemplando, no podrás actuar desde ese otro punto. La finalidad de nuestra primera lección, aparte de enseñarte a mejorar tu comportamiento y figura, ha sido acostumbrarte a verte como otros te ven, habilidad indispensable en el camino hacia la desaparición, ya que la invisibilidad es un Arte basado más en la percepción ajena, en el dominio y anticipación de sus mecanismos, que en cualquier otra Cosa. Es -digamos- la habilidad para  contradecir lo que nuestros prójimos esperan de nosotros elevada al grado de velocidad necesario para hacerles perder realmente nuestra pista sensorial. Pero otra vez nos dejamos llevar por la anticipación pedagógica. Retomemos el hilo.

Practica concienzudamente este ejercicio hasta conseguir situarte fuera de tí mismo con facilidad y agilidad, siempre con las precauciones indicadas. Entonces estarás list@ para el siguiente paso.

 

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